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Por circunstancias que me tocó vivir en mi niñez, falto del afecto y protección de mi madre, debido a su fallecimiento siendo ella una mujer muy joven (36 años), me vi sometido a un proceso de maduración anticipada, la necesidad me indujo a quemar etapas, inicié mi actividad laboral a los 13 años de edad, y entre otras enseñanzas, aprendí que el tiempo es corto y hay que aprovecharlo al máximo.

Consecuente con ese aprendizaje, después de cinco años nada edificadores para mi vida, me dispuse a recuperar el tiempo perdido, y con ese propósito estudiaba inglés de 7 a 8 de la mañana, trabajaba todo el día en un banco, y por la noche asistía al bachillerato nocturno.

Tiempos aquellos en que deseaba disponer de un día de 36 horas y que además no fuese necesario perder tiempo durmiendo, pensaba que con ese tiempo lograría disminuir actividades incompletas, la verdad es que viendo en retrospectiva, me doy cuenta de que el dilema es más profundo que un simple problema de tiempo, que básicamente, es un asunto de prioridades.

Lo que inició con un propósito sano, recuperar tiempo desperdiciado, poco a poco se fue transformando en una fuente de frustraciones y ansiedades, debido a mi convivencia con lo urgente y lejanía con lo necesario.

En estas circunstancias, apareció una personalidad egocéntrica y perfeccionista, temerosa e insegura, poseída de una odiosa impaciencia, que exigía que las cosas se hicieran cuando, como y donde yo quisiera, lo cual fue causa de atropello y daño a muchas personas, a quienes hoy, mediante estas líneas, les presento mis disculpas sinceras.

A raíz de mi encuentro personal con el Maestro del Amor, hace 10 años, Él se dispuso a transformar mi personalidad mediante la renovación de creencias y conductas erróneas, Él puso en mi corazón los frutos de Su Espíritu, y de una forma gradual y apacible me ha venido forjando en: el amor, el gozo, la paz, la generosidad, la paciencia, la mansedumbre y el dominio propio. Ha transformado mi personalidad, de ser egocéntrica, a Cristo céntrica, es decir, a ser una conducta en donde Él es el centro, el que guía mis pensamientos y mis acciones.

Jesús sabe que la impaciencia ha sido uno de los principales gigantes que he enfrentado a lo largo de mi vida, y por ello, creo que ha trabajado persistentemente en ese tema conmigo. Hace varios años, en un ataque de impaciencia, Él muy generosamente me reveló una palabra, que ha sido mi reconstituyente para avanzar en este proceso de liberación de impaciencia, esa palabra es: “Pacientemente espero en el Señor, Él inclina su oído, Él escucha mi clamor, me saca del pozo de la ansiedad y del fango cenagoso en que me he metido, Él me pone sobre roca firme y endereza mis pasos”, Salmo 40:1-2

Queridos amigos y amigas, la paciencia es el principal antídoto contra la ansiedad, la aflicción, la preocupación. Jesús quiere darles una buena dosis de ese fruto de su espíritu, para que disfruten la vida diaria, de lo cual depende la felicidad verdadera.

Queridas amigas y amigos, les invito a aceptar a Jesús en sus corazones, Él nos renueva y transforma en nuevas criaturas, dice la Biblia en 2da. de Corintios 5:17: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí, son hechas nuevas”.

Para mayor información sobre El Taller del Maestro, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com