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El número de nacimientos en madres de 10 a 14 años se ha incrementado en la última década en un 47.9%, según los datos de 18 centros del Sistema Local de Atención Integral en Salud, Silais, mientras el 25% de todos los nacimientos en Nicaragua viene de madres adolescentes de 15 a 19 años.

Las cifras fueron presentadas ayer por el doctor Wilmer Beteta, miembro del equipo de Servicios Especializados de Extensión y Calidad de la Atención del Ministerio de Salud, Minsa, como parte del acto central del Día Mundial de la Población 2012, con el tema central sobre la Prevención del Embarazo Adolescente, promovida por el Fondo de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas, Unfpa.

Según la información presentada, entre 2000 y 2009 se pasó de 1,066 nacimientos en niñas de 10 a 14 años, a 1,577, que representa el 0.47% del total de niñas en esa edad, algo que para Óscar Viscarra, representante residente del Unfpa, es una cifra preocupante.

En Nicaragua, la violencia sexual ejercida contra niñas y adolescentes es una de las causas importantes del embarazo en estas edades, sin embargo, solo un 22% de las mujeres de 15 a 19 años reporta haber vivido violencia sexual.

La doctora Ana María Pizarro, Directora del centro de atención en salud “SI Mujer”, destacó que el embarazo en niñas no debe verse como algo normal, sino como un delito a perseguir, principalmente en un país donde el aborto terapéutico está penalizado y se obliga a estas niñas a dar a luz el producto de una violación, poniendo en riesgo sus vidas, pues sus frágiles cuerpos no están aptos para ello.

Crecimiento puede ser mayor

Señaló que teniendo en cuenta la tendencia del incremento de 5.3% en promedio anual, es posible que en los últimos tres años, el porcentaje de 47.9% actual sea superior.

“Un problema es que en Nicaragua no se persigue a los que embarazan a las niñas, y estos casos quedan en la impunidad”, expresó la doctora Pizarro, señalando que existen muchas deficiencias en el carácter educativo sobre el tema dirigido a adolescentes.

Según Viscarra, las adolescentes embarazadas (no se diga las niñas) tienen un riesgo mucho mayor de morir o sufrir complicaciones médicas graves.

La fecundidad adolescente implica deserción escolar, y, por tanto, reduce las posibilidades de continuidad de estudios, limita las opciones de inserción laboral y de mejora de ingresos, reproduciendo el ciclo de la pobreza, y dejando expuesta a la adolescente a la violencia y a la explotación, añadió.

Las regiones de Nicaragua con menor tasa de escolaridad neta coinciden con las de mayor número de nacimientos provenientes de niñas y de adolescentes, evidenciando que a mayor educación, menor es el riesgo de embarazos tempranos.

Entre 2000 y 2010 las muertes maternas provenientes de madres adolescentes fueron en promedio el 22% del total de muertes maternas. Los Silais donde más se concentró la mortalidad materna adolescente fueron Matagalpa, la RAAN, Jinotega, la RAAS y Managua.

Trabajan en plan integral

Ante esto, el doctor Beteta expresó que el Minsa, ante el embarazo precoz, está implementando políticas públicas.

“Actualmente estamos en la preparación de un Plan Nacional Integral en Salud Sexual y Reproductiva, mientras tanto, se implementa el Plan de Acción Institucional. Entre los retos están la promoción de estilos de vida más saludables, el fortalecimiento de los conocimientos en educación sexual y reproductiva”, explicó.

Giovanna Daly, responsable del Departamento de Consejería Escolar del Ministerio de Educación, señaló que una de las formas de prevenir el embarazo precoz es a través de la educación, y para ello se imprimieron 30,000 guías sobre Salud Sexual y Reproductiva.

“Además, se han realizado transformaciones en la currícula educativa en educación básica y media, en el tema de la promoción en salud y sexualidad, implementado en nueve ejes transversales que incluyen las materias de Ciencias Naturales, Biología, así como Convivencia y Civismo, entre otras complementarias”, expresó Daly.

Entre las características determinantes del embarazo adolescente están el bajo nivel educativo, la desintegración familiar, acceso insuficiente a información de calidad sobre salud sexual y reproductiva para adolescentes, los patrones socioculturales, la violencia sexual y la pobreza.