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El diario The New York Times retomó la semana pasada el caso de Lisa Miller, quien desde 2009 reside de incógnito en Nicaragua con su hija Isabella, de 10 años, y es buscada por el Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) y la Policía Internacional, Interpol, por secuestro.

En un extenso artículo, el prestigioso medio expone esta historia que inició en 1997, cuando Lisa Miller y Janet Jenkins se conocieron en una reunión de alcohólicos anónimos, iniciaron una relación, contrajeron matrimonio en el año 2000 en Vermont, Estados Unidos, el primer estado que aprobó la unión civil entre personas del mismo sexo, y en el 2002 tuvieron una hija por medio de fertilización in vitro a Miller.

“¿Cuál madre para Isabella? Unión civil termina en secuestro e interrogantes”, titula The New York Times este caso que, según señala el autor, es un drama con una década de duración. Miller decidió separarse de Jenkins en el año 2003, luego de que perdiera un segundo embarazo y quedara muy deprimida por ello. Sin embargo, el artículo hace referencia a una carta de Miller a su abogada en la que confiesa que incluso antes de la separación ella estaba redescubriendo el cristianismo y cuestionando su lesbianismo.

Indica que durante su primer embarazo, en el cual tuvo dificultades, prometió a Dios que si salvaba a su bebé ella iba a dejar el estilo de vida homosexual.

La unión civil entre Miller y Jenkins quedó oficialmente disuelta en 2004 y una Corte de Familia en Vermont le dio la custodia de Isabella a Miller y reconoció a Jenkins el derecho a visitar a su hija.

No obstante, de acuerdo al artículo de The New York Times, donde se hace alusión a declaraciones de Jenkins, Miller comenzó a “bloquear” las visitas de su expareja a la niña, hasta que en 2009 huyó de Virginia, el estado donde se había radicado y que no reconoce el matrimonio homosexual.

Según documentos legales a los que tuvo acceso el medio de comunicación, Miller habría sido motivada y ayudada para huir por Philip Zodhiates, a quien describen como un cristiano conservador, y Kenneth L. Miller, pastor de una iglesia menonita en Virginia. Ambos se encargaron de comprar los boletos de avión para Miller e Isabella y hasta de proveerles la ropa característica de la comunidad menonita.

En Nicaragua

Y así comenzó la “existencia clandestina en este empobrecido país tropical”, relata el artículo de The New York Times. A su llegada a Nicaragua fueron recibidas por Timothy D. Miller, un pastor de la comunidad menonita en el país que en abril de 2011 fue detenido en Estados Unidos cuando se disponía a regresar a Nicaragua de unas vacaciones por complicidad en el secuestro.

Miller y la pequeña Isabella, que adoptaron los nombres falsos de “Sara” y “Lydia”, se instalaron en Jinotega en la finca del pastor Miller, pero dos meses después, “agobiadas” por la lejanía y la soledad, se mudaron a Managua.

El cumpleaños número 8 de Isabella lo celebraron en Waslala, en la casa de Pablo Yoder, otro pastor menonita.

Pero el artículo periodístico señala que, según Timothy Miller, las relaciones personales con Miller comenzaron a ponerse tensas. “En cuestión de semanas después de la fiesta, ella y su hija regresaron a Jinotega, a alquilar una casa por su cuenta en la ciudad”, refiere.

Y desde entonces nadie sabe del paradero de Miller e Isabella. El jefe de Relaciones Públicas de la Policía Nacional, comisionado mayor Fernando Borge, confirmó que a mediados del año pasado la Interpol les notificó que Miller está circulada con Nota Roja y que desde entonces están trabajando en la búsqueda y captura de esta mujer.

Borge indicó que han realizado labores de búsqueda en Jinotega y Walslala, pero se abstuvo de dar detalles para no entorpecer el trabajo realizado hasta el momento.

En abril de 2011, a propósito de la captura de Timothy Miller, miembros de la comunidad menonita en Nicaragua que convivieron con Miller e Isabella negaron tener conocimiento sobre el paradero de madre e hija.