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Briosos corceles de alta escuela traídos de España, Perú y Argentina y un sinfín de ejemplares criollos, fueron cabalgados ayer por jinetes de diferentes regiones del país y hasta extranjeros, en el tradicional desfile hípico del inicio de las fiestas patronales de la capital.

Un variopinto público de todas las edades se congregó en los diferentes puntos del recorrido hípico, que anualmente reúne a más de dos mil caballistas del país, entre los que resaltan prominentes terratenientes.

La parada hípica en honor a Santo Domingo de Guzmán inició después de la una de la tarde, partiendo como en años anteriores del Malecón de Managua, punto de concentración de los caballistas y carrozas que avanzaron sobre la Avenida Bolívar, para llegar a la Calle Colón donde giraron al Este para bordear la Loma de Tiscapa.

De ese punto, jinetes de ambos sexos hicieron gala de bailes y pasos de sus envidiables equinos, mientras una muchedumbre visiblemente deslumbrada tomaba fotografías hasta con cámaras y teléfonos celulares a los ejemplares de todos los tamaños, colores y razas.

A la mayoría de los caballistas no les faltó una cerveza en la mano mientras desfilaban al ritmo de los sones de chicheros, mientras giraban hacia el Oeste con rumbo a la Rotonda El Güegüense, de donde partieron con rumbo Sur hasta el hotel Holliday Inn, donde culminó el desfile.

La hípica, una celebración que se realiza separada de la multitudinaria llegada de Santo Domingo de Guzmán, contó este año con un fuerte dispositivo policial cuyo despliegue fue notorio en cada una de las intersecciones que atravesaron los caballistas.

En esta fiesta capitalina, plagada de tarimas y costosas fiestas organizadas por empresas de todo tipo, no faltaron los vendedores ambulantes que aprovechaban la ocasión para hacer “su agosto” con la venta de sombreros, gorras, gafas, frutas y todo tipo de bebidas, incluyendo las embriagantes, que se vendieron a granel pese a la prohibición expresa de la Policía.