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Durante casi doce horas, Managua vibró al ritmo de la minúscula imagen de Santo Domingo, a la que cada año cada primero y diez de agosto los capitalinos le rinden honor, entre bailes, licor y devoción, sin que se presentaran incidentes de gravedad.

La Policía Nacional desplegó alrededor de 4,000 agentes para resguardar la festividad durante todo ese tiempo, sin reportar incidentes de importancia, sin embargo detuvo a 27 personas por diferentes causas. Cuatro por robo con intimidación frustrado, uno por tenencia de marihuana, otro por violencia intrafamiliar, tres casos de agresión en estado de ebriedad y 14 por desorden al orden público, entre otros.

Marcos Cortés, oficial del Centro de Operaciones de la Cruz Roja, señaló por su parte que realizaron 51 atenciones, entre ellas cinco por traumas, seis heridas cortantes, dos heridas cortopunzantes, una fractura, 19 casos prehospitalarios, seis traslados a hospitales, una quemadura de primer grado por pólvora y dos casos de niños extraviados y entregados a sus padres.

Así inició el día

A les 6:00 am, al son de los filarmónicos, “Minguito” salió de su eterna morada, el templo de Las Sierritas de Santo Domingo. El incesante tañer de las campanas anunció que el patrón de los managuas estaba listo para iniciar su recorrido hasta la iglesia de Santo Domingo en los escombros de Managua. La peregrinación congregó a miles de devotos de la venerada imagen.

Roxana Argüello fue una de las que madrugó. Estuvo desde las 4:00 am, para ser una de las primeras en ver la diminuta imagen aún en el templo que lo resguarda. Ella asegura que tiene más de 27 años de “acompañar a Minguito” durante todo su recorrido.

“Esta es una promesa que tengo desde hace 27 años, cuando me curó a uno de mis hijos. Él ahora está en Estados Unidos, trabajando. Y aquí estaremos mientras tengamos salud, no dejaré de acompañarlo, soy fiel a mi Santo Domingo”, dijo Argüello mientras bailaba al son de los tambores.

4,000 policías

Al llegar a Managua, luego de hacer su último baile en el lugar conocido como La Cruz del Paraíso, la primera comisionada Aminta Granera Sacasa, Jefa de la Policía Nacional, recibió al santo, rodeada por más de diez guardaespaldas que resguardan su seguridad.

Mientras bailaba al santo patrono, junto con los miembros del Comité de Cargadores Tradicionalistas, la jefa policial dijo que la procesión “es la fiesta popular más grande de los nicaragüenses, donde más de 500 mil personas salen a la calle, por eso es importante que tomemos conciencia y recibir las orientaciones de la Policía, que son para el bien de todos, para que no tengamos algún hecho que lamentar”.

“Siempre le pido para que las familias nicaragüenses podamos vivir en paz y seguridad. Le pido por mis policías, por esos 16 mil uniformados que día a día arriesgan su vida por la seguridad de los nicaragüenses, y le pido por mis hijos”, expresó la primera comisionada.

El vocero policial, comisionado mayor Fernando Borge, precisó que 4,000 efectivos participaron en la actividad, resguardando el orden y protegiendo a los miles de devotos.

En la tradicional procesión no pudo faltar la popular y legendaria “Chica Vaca”, doña Juana Francisca Villalta, quien cumplió más de 70 años de participar en la traída del santo hasta su iglesia en los escombros de Managua.

Y vistiendo su conocido y colorido atuendo, confeccionado por él mismo, el “Cacique Mayor”, Oscar Ruiz, también dijo presente en la celebración.

Tres décadas como promesante

Al llegar el mediodía, Santo Domingo de Guzmán llevaba recorrida la mitad de las tradicionales doce horas, mientras que en Camino de Oriente ya bailaba eufórico con motivo de sus 30 años como promesante, Juan Ramón Portillo Cruz, con su acompañante, una muñeca colgada de un costado de su pantalón, a la que llama “Betty la Fea”. Ambos estaban completamente cubiertos de aceite negro, que llevaba dentro de su mochila, y a ratos se volvía a “bañar” donde notaba que se le iba disipando.

El enamoradizo Portillo asegura, ya asoleado, que cuando tenía 10 años lo atropelló un camión y desde ese accidente “le pedía a ‘Minguito’ que me curara”, refirió con una notoria emoción que casi no le permitía hablar.

A estas alturas de su promesa, con la ayuda de las personas que lo conocen, consigue el aceite para “embarrarse” todo el cuerpo, y detergente para quitárselo, solo que esto último lo hará hasta el 17 de agosto, porque “yo acompaño en su ida y vuelta a Santo Domingo de Abajo”, indicó, al referirse a la réplica que sale de Ciudad Sandino.

Y con la misma intención de rendirle homenaje al santo, en la capital el tráfico es desviado y el acceso a ciertas áreas es restringido, de manera que la Policía Nacional se tiende en todo el recorrido para marcar los límites.

Ventas y alcohol

Durante la caminata los miles de promesantes se adelantaban al santo, para esperarle, mientras los vendedores de agua, raspados, gaseosas, cigarrillos, pólvora, dulces, comida, lencería, jugos y cervezas se despliegan por toda la zona por donde pasa el milagroso santo. También ofrecen lo que denominan en su pregón como “leche”, refiriéndose a enormes botellas de aguardiente.

En esos menesteres se encontraba decepcionada doña Karla Garay, pues de su venta de medallitas, pulseras, collares, cintas y demás ‘souvernirs’ que tenía expuestos en su carretón, no había vendido “casi nada, porque esto está malo, la gente tiene muchas necesidades”, comentó, mientras aseguraba que este será su último año en esa venta, la que inició hace 28 años para estas fiestas.

No tan mal le estaba yendo a José Ramírez, quien lleva buscándose la vida alrededor de 12 años durante estas celebraciones, cargando esta vez con su enorme toro brahman llamado “El Catracho”, hecho de plástico duro. Cobra 50 córdobas por subirse sobre él y posar para una foto.

También en medio de esas romerías encontramos a Luis, un chavalo cuya silla de ruedas era su medio de transporte para acompañar a “Minguito” en su trayecto. Nos acercamos y emocionado hacía piruetas para la lente de El Nuevo Diario. “¿Cómo te llamás?”, le preguntamos. “Me llamo Luis”, respondió, pero prefirió obviar su apellido. La historia de este habitante del reparto Schick está relacionada a un accidente que hace 10 años le dejó un impedimento en sus miembros inferiores, por eso “vengo desde hace ocho años a darle gracias a Santo Domingo, porque estoy vivo, y para pedirle que vuelva a caminar”, asegura.

Fue así que Portillo, doña Karla, José, Luis y demás promesantes y comerciantes llegaron con “Minguito” al caer la tarde al Gancho de Caminos, donde lo aguardaba un enorme barco adornado con sombreros de paja, flores de diversos colores, piñatas, frutas, y donde una banda filarmónica tocaba incansable hasta la llegada de Santo Domingo.

En la iglesia de Santo Domingo, en la zona de la antigua Managua, fue emotivamente recibido con cohetes, algarabía y aplausos. Minutos después se celebró la tradicional eucaristía

de bienvenida.