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Recientemente conversaba con un joven de 25 años, a quien llamaremos NINI, Ni estudia, Ni trabaja.

NINI se acuesta en horas de la madrugada viendo TV o jugando en computadora, etc., se levanta al mediodía, no hace nada con su vida, sus padres están preocupados y frustrados.

NINI justifica su actitud y su comportamiento: las plazas de trabajo que le salen no encajan con él, son de bajo nivel, se le dice que para optar a plazas de mayor nivel debe prepararse, sacar el bachillerato; argumenta que ya no está para estudiar, su tiempo ya pasó.

Cuán familiares son estas frases… “Tengo XX años (a veces son 20, 40, 60, etc.), me imaginaba que al llegar a esta edad ya habría logrado muchas cosas, ahora me doy cuenta de que no he obtenido nada”, o “¿Qué puedo esperar a esta altura de mi vida?”, o “Creo que nunca lograré nada”, o “Si yo hubiera… si yo tuviera…, cuán distinta sería mi vida”.

Estas personas se caracterizan por ser “quejólogos”, su mentalidad está plagada de creencias falsas, que las llegan a asumir como verdades y permiten que condicionen o determinen sus actuaciones, con resultados verdaderamente negativos, para ellos y su entorno familiar.

En mi adolescencia no estudié, creencias falsas condicionaron mi conducta; a los 21 años pensaba que mi tiempo de estudiar ya había pasado, mis amigos de infancia estaban graduándose. Cuando me percaté de que para salir adelante en la vida era imprescindible estudiar, tomé la decisión de hacerlo.

En primer año de secundaria recibí una lección para el resto de mi vida. Una señora que cifraba los 60 años, era enfermera, era mi condiscípula, ella soñaba con dar el salto de enfermera a doctora. La señora tenía una actitud positiva, fresca, de una adolescente de 12 o 13 años, que iniciaba la secundaria con mucha alegría e ilusión.

Ella hablaba de un Dios que le inyectaba gozo, paz y energía. La actitud de la señora me contagió, y me impulsó a imitarla, a sacar fuerzas y a seguir adelante.

Le hablé a NINI de estas experiencias, de cómo el Dios de que hablaba la señora me ayudó a encontrar un norte para mi vida, y le podía ayudar a él también.

Hay NINIS por todas partes; quizá Ud. tenga uno cerca que le esté causando tristeza y frustración, quizás usted sea uno de ellos, pero quiero decirle que ese estado no es para siempre, Hay esperanza en Jesús. Él abre caminos donde no los hay, donde nosotros no los vemos, Él te dice: “Porque mis pensamientos no son tus pensamientos, ni tus caminos mis caminos”, Isaías 55:8

Querido amigo, amiga: no permitás que las circunstancias de hoy te impidan luchar por el futuro promisorio que Dios tiene para tu vida. Él quiere lo mejor para vos y para tus seres queridos.

Amiga, amigo: te pido que invités a Jesús a tu corazón, decile allí, donde estés: “Jesús mío, te pido que entrés en mi corazón, yo te acepto como mi Señor y Salvador”.

Amigo, amiga: siempre hay tiempo, nunca es tarde, los mejores tiempos están por llegar, tomados de la mano de Jesucristo.

Para mayor información sobre El Taller del Maestro, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com .