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Cuatro factores determinan las altas tasas de criminalidad en el Triángulo Minero, donde bandas delincuenciales están aterrorizando a los habitantes y provocaron recientemente la muerte del jefe policial de Rosita, Miguel Martínez Barrera, quien ayer fue ascendido póstumamente al grado de Comisionado y condecorado con la Medalla al Mérito “Christian Munguía”.

El acto de condecoración y ascenso póstumo se celebró en la ciudad de Bilwi, Región Autónoma del Atlántico Norte, RAAN. Los actos fúnebres del jefe policial se llevarían a cabo hoy a las 8:00 de la mañana en el cementerio municipal de esta ciudad.

Francisco Bautista Lara, experto en seguridad y comisionado general en retiro, identificó tres factores que inciden para que ocurran los hechos que ahora se suscitan: la vulnerabilidad de la región, su extensión y su poca población.

Sobresale también que en el pasado fue escenario de guerra. Siuna, por ejemplo --anotó el sociólogo José Luis Rocha en el artículo “Siuna: cien años de abandono”, publicado en la revista Envío-- está ubicada a 75 kilómetros de la base militar de Mulukukú, “que en los años 80 sirvió de escuela de entrenamiento para los jóvenes que prestaban su servicio militar en el Ejército Sandinista. En la carretera de Mulukukú a Siuna se ubican Lisawe, Sarawa, Santa Rita, La Bodega, El Guineo, Labú y Tadazna, testigos de múltiples enfrentamientos y vendetas políticas y familiares”.

“Esta región continuó siendo violenta aun cuando se acabó la guerra. Fue hasta en 2001 que se extinguió el último reducto, el Frente Unido Andrés Cuadra (FUAC)”, precisó Bautista Lara, también ex subdirector de la Policía Nacional.

Otro de los elementos que influyen en el resurgimiento de la violencia en Siuna, Bonanza y Rosita es el eterno olvido en el que han vivido estos municipios, un factor que está ligado íntimamente con la escasa presencia institucional y policial en la región.

Situación crítica

El Triángulo Minero tiene una tasa de homicidios (35.1 por cada 100,000 habitantes) solo superada por la de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS).

“Hay una situación crítica, que requiere abordajes distintos por los factores culturales e históricos de la zona”, sostuvo Bautista Lara, quien consideró que pese a los esfuerzos de la Policía Nacional, es necesario un tratamiento multidisciplinario.

Además de los asesinatos a policías, resaltan también los ataques a civiles. El viernes pasado, a siete kilómetros al sur de la comunidad El Guayabo, jurisdicción de Siuna, una lluvia de balazos sorprendió al productor Santos Galeano, quien se encontraba en el patio de su vivienda junto a su familia.

Producto de la balacera, René Torres y Melba Villalobos --quien tiene siete meses de gestación-- resultaron heridos, y fueron trasladados al Hospital Regional de Matagalpa.

El teniente coronel Marvin Paniagua, jefe del Batallón Ecológico, dijo que el ataque fue perpetrado con armas de cacería, revólveres y posiblemente un fusil AK.

Según Bautista Lara, las bandas que operan en el Triángulo Minero son “estrictamente delictivas y se dedican a robar”. Cuando terminó la guerra “quedaron grupos que empezaron como políticos, pero luego se convirtieron en grupos delincuenciales”.

El Subdirector de la Policía Nacional, comisionado general Francisco Díaz, se refirió ayer escuetamente a la situación en el Triángulo Minero, tras visitar el mausoleo del fundador de esta institución, Tomás Borge.

“Estamos ejecutando planes de inteligencia policial y de orden público”, se limitó a decir Díaz, sin precisar cuántas bandas operan en la zona ni el nivel de peligrosidad de estas.

Reportes de prensa indican que en diciembre de 2011, la Policía del Triángulo Minero fue sacudida en un solo día por dos emboscadas en distintos puntos, con saldo de dos policías muertos: el subinspector Atileano Murillo Rodríguez, abatido en el sector de El Porvenir, y el policía voluntario Juan Granados, quien fue asesinado a balazos en el sector de El Black.