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Ejecutivos del  Instituto Nicaragüense de la Pesca, Inpesca, solicitaron ayer a los diputados de la Comisión de Asuntos Laborales de la Asamblea Nacional, más tiempo y recursos económicos para ejecutar el Plan de Reconversión Laboral y Ocupacional de los Pescadores Buzos de la Costa Atlántica, mientras los legisladores consideraron que hay consenso entre las partes involucradas para encontrar una solución al problema que enfrentan más de 3,000 pescadores de ese sector.

“Hemos presentado algunos proyectos de cómo cambiar el método de pesca (actual) a otros métodos bien productivos, pero que no son por medio del buceo… ya hemos reconvertido siete embarcaciones industriales, teníamos 26 y ahora tenemos 19, y vamos a ir reconvirtiendo, pero requerimos de más tiempo”, afirmó Danilo Rosales, Vicepresidente de Inpesca.

Rosales afirmó que necesitan dos años para lograr la reconversión total de este tipo de trabajo, y para ello requieren de US$23 millones, los cuales están gestionando con la cooperación internacional y con recursos propios del Estado. Agregó que uno de los logros ha sido que al menos el 10% de los buzos ha ingresado al Seguro Social.

Consenso para lograr beneficios

Por su parte, Alberto Lacayo, Presidente de la comisión legislativa, dijo que hay consenso entre las partes involucradas para encontrarle una solución al problema que enfrentan los buzos en la Costa Caribe.

“Se acordó el apoyo sine qua non de esta comisión para prorrogar la entrada en vigencia de la Ley 613, que es la Ley que promueve la protección de los hermanos buzos en el fondo del mar; y eso se va a dar a lo inmediato, para así darle más tiempo a Danilo para poder cumplir con las condiciones de reconvertir a toda esta gente a otro sistema de pesca vía nasa; enseñarles el cultivo de la tilapia, e inducirlos a hacer otras actividades del mar que no necesariamente tienen que ser el buceo”, dijo Lacayo.

Trabajo infame

La mayoría de los buzos afectados por la pesca submarina sin condiciones son de origen miskito. Cada año, los barcos langosteros zarpan de las costas de Bilwi llenos de buzos misquitos en busca de mariscos. Desesperados por dinero, los indígenas no reniegan cuando se trata de negociar sus contratos de trabajo.

La temporada de pesca dura de julio a marzo, y siempre deja saldos mortales por las violaciones a las normas de buceo, algunas, producto de la explotación del capitán del barco, y en otras oportunidades por la imprudencia del submarinista que rompe las reglas de seguridad.

Los buzos hacen inmersiones diarias de cinco horas, y en oportunidades el capitán del barco los obliga a bajar hasta 140 pies de profundidad (40 metros) para buscar el producto, cuando lo máximo permitido, según las normas de buceo Scuba, son 90 pies (25 metros).

Un oficio de mucho peligro

La escasez de langostas hace que los capitanes ordenen al submarinista descender a límites peligrosos. Cuando se baja a ese nivel crítico, el cuerpo experimenta lo que se conoce como narcosis de nitrógeno, que consiste en una intoxicación similar a la producida por la inhalación de óxido de nitrógeno o por bebidas alcohólicas.

También este fenómeno, conocido como el “Mal del Buzo”, puede generar erupciones en la piel, dolores de cabeza, parálisis parcial permanente o incluso la muerte.

Los capitanes hacen promesas a los buzos para que el que más logre pescar tenga “privilegios” en el barco, como el hecho de que tenga cama para él solo y mejor alimentación. Las embarcaciones llevan a bordo unos 80 buzos, lo que hace que la capacidad de la nave sea sobrepasada, pues solo tiene cupo para 50, lo que representa que muchos pescadores tengan que dormir fuera de los camarotes.