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Dos luchas diferentes libran los caponeros de la zona de Sabana Grande y Laureles Sur. Por un lado, piden al Instituto Regulador del Transporte Municipal de Managua, Irtramma, que les dé permisos para operar, y, por otro, se enfrentan entre ellos por invasión de los corredores y aparición de nuevas mototaxis que están aumentando la competencia en esas zonas.

La noche del pasado lunes, día en que más de un centenar de mototaxistas de seis cooperativas de la capital se apostaron en las cercanías del ente regulador, se dio un altercado.

Erick Cajina, mototaxista de Sabana Grande y miembro de la Cooperativa “Crisol”, que aglutina a 29 caponeras, indicó que ya hay rutas definidas por ellos mismos.

Es decir, que ellos tienen que cubrir desde los semáforos del Palí que se ubica en la entrada a la pista de Sabana Grande, hasta la parte urbana de dicho barrio, mientras el grupo de mototaxistas de la Cooperativa “Che Guevara” tenía que trabajar hacia el área de Villa Libertad.

“Esa ruta nos pertenece a nosotros, ellos tienen que buscar su lado, pero lo que están haciendo es sacarnos a nosotros”, indicó Cajina.

Sin embargo, estas definiciones de rutas no son oficiales, pues a raíz de la protesta, las autoridades del ente regulador anunciaron que realizarían un estudio en los sitios donde operan estas caponeras, para definirles la ruta y evitar que invadan otros puntos o compitan con los taxis y buses urbanos.

Por su parte, Javier Urbina --también caponero de la Crisol-- indicó que no van a permitir invasiones, y resalta que tienen que ganar para pagar el alquiler de las mototaxis --porque algunas no son propias-- y conseguir para la comida.

Los miembros de la Cooperativa “Che Guevara”, sin embargo, aducen que la “Crisol” está comprando sin control caponeras y saturando los corredores.

En el enfrentamiento de la noche del lunes tuvieron que intervenir agentes del Distrito VII de la Policía, quienes encontraron armas hechizas en una de las caponeras de la Cooperativa “Crisol”; los cadetes, sin embargo, aducen que eran del otro grupo.

Aunque el Irtramma ha intentado controlar los puntos y la cantidad de caponeras, el problema se les está saliendo de las manos, ya que cada vez hay más empresas que venden las mototaxis o ciclotaxis modificadas, y debido a la presión, el ente regulador sigue aprobando permisos provisionales de circulación.

En medio del conflicto están los pasajeros que temen salir perjudicados por los altercados que se puedan presentar en un futuro entre el gremio.