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Gerardo Argüello se metió a economista buscando encontrar respuestas sobre el funcionamiento de las sociedades. Después de 20 años ejerciendo, continúa con el mismo entusiasmo. Este hombre alto, de aspecto sereno, casado desde hace 18 años, dirige la Bolsa de Valores de Nicaragua

Gerardo Argüello enmudece si alguien le pide que se describa, pero se convierte en un hombre expresivo y locuaz cuando habla sobre la ciencia que le apasiona: la economía, a la que ha estado relacionado desde los 18 años, cuando viajó a Alemania buscando una respuesta a las múltiples interrogantes que tenía y que, pensó, serían encontradas en el estudio de esa ciencia.

Argüello tiene aspecto sereno, es alto, delgado, conversador y amable. Dirige la Bolsa de Valores de Nicaragua desde 2007, un negocio que calificó como versátil, donde desarrolla no solo sus dotes como economista, pues dice que para trabajar aquí se deben tener, entre otros, conocimientos sobre informática.

Tiene 48 años y dos hijas de 14 y 13 años, pero no aparenta esta edad. En su juventud fue nadador del Club de los Tiburones de Nejapa y hoy hace spinning.

“¿Quién soy, cómo me describiría? La verdad es que es una buena y profunda interrogante que cada quien se debe hacer. Esta pregunta se presta a que nos interroguemos infinitamente sobre quiénes somos. Creo que basta con comprender que la complejidad y misterio del mundo está en cada uno de nosotros, como decía Nietzsche en uno de sus aforismos: ‘¡Solo cuando el hombre conozca todas las cosas podrá conocerse a sí mismo, porque las cosas son las fronteras del hombre!’. Es decir, posiblemente nunca, por lo tanto, ¿quién soy? ¡No sé!”.

Luego de terminar sus estudios en el Colegio Centroamérica, viajó a Europa, adonde su padre, el jurista Roberto Argüello Hurtado, desempeñaba un cargo diplomático.

“Me fui con una beca a estudiar a (la entonces) Alemania Oriental, estuve cinco años en Berlín, aprendí a hablar alemán en una ciudad que se llama Weirmar”. La experiencia fue fructífera y para nada complicada porque, ¿qué resulta difícil a los 18 años? Nada, a criterio de este economista, pese a que en su caso, el aprendizaje del idioma alemán fue muy difícil.

El tema de la economía le entró junto a la curiosidad por saber cómo funcionan las sociedades. Al inicio quiso ser arquitecto, pero pudo más la necesidad de conocer a fondo cómo camina el mundo.

“Mientras uno más se adentra en las ciencias económicas, más aprende de lo relativo de todas las convicciones. Siempre me quedó grabada una frase de un gran economista francés, Maurice Allais, que decía: ‘Lo propio del error es creerse veraz, y el que se equivoca se equivoca dos veces, se equivoca porque se equivoca, y se equivoca porque no sabe que se equivoca’. No es fortuito que las ciencias económicas sean el único campo en el que dos personas pueden obtener un Premio Nobel, por decir justamente lo contrario”, dice sobre su pasión.

“Para mí fue interesante conocer un mundo que ya no existe, fue una experiencia que yo la vería bajo dos ángulos. Una, como joven porque en la Alemania de esa época se llevaba una vida sumamente intensa. Los extranjeros que vivíamos allá, gozábamos de una buena beca y como era buen estudiante tenía una beca doble. En mis días libres aprovechaba la oferta cultural, que era muy grande, uno tenía acceso a óperas, teatro, cine. La parte más bonita de Berlín estaba en la parte oriental y fue restaurada recientemente. Hace dos años fui y está muy parecido al Berlín que yo conocí”.

Tras cuatro años de intensos estudios de economía en la Escuela Superior de Berlín, viajó a Francia a realizar una maestría y luego un doctorado en ciencias económicas en La Sorbona.

“En los últimos años, en Alemania, me tocó vivir los anhelos de cambio que tenía la gente, sin embargo, nadie soñaba siquiera que el muro se iba a caer. Había un anhelo porque hubiese un cambio, pero era un anhelo en silencio. Los compañeros de estudio y alguna otra gente aparentaba ser partidaria del sistema pero por dentro eran todos opositores en potencia. Y es que cuando la libertad está más circunscrita a lo económico, es más llevadera. Allá había un buen nivel de vida, pero existían las restricciones políticas, que era lo que más afectaba”.

En París echó mano también de la oferta cultural y de la vida intelectual que, comparada con la alemana, era mucho más rica.

Gerardo Argüello no tiene referentes de ningún tipo. Lo ideal para él es que cada quien viva su vida. ¿Metas? La vida es imprevisible. “Es importante vivir el presente como si fuera el último día”.

Luego de diez años en Europa, regresó a Nicaragua en 1992 casado con una francesa. Un año después ingresó como responsable comercial en la empresa alemana Siemens y un año posterior a la Bolsa de Valores, como director de Operaciones. Entonces en esa empresa solo contaban con cinco personas y un subcontratado. “Hoy en día seguimos siendo una pequeña empresa, trabajamos 14 personas”.

“Este es un negocio muy versátil, no es monotemático. Hoy en día todas las transacciones son electrónicas. En Nicaragua desaparecieron la mayor parte de transacciones en papel”.

Pero su trabajo no se reduce al de gerente general en la Bolsa de Valores de Nicaragua. En la actualidad es codueño de una empresa de paquetería dedicada a prestar toda la infraestructura necesaria para realizar compras por Internet y también para hacer envíos fuera de Nicaragua.

“He buscado cómo diversificar al máximo mis pocas inversiones, la receta está en invertir en diversas opciones, en bienes raíces es una opción, la casa donde uno vive, terrenos… Invertir en la Bolsa de Valores por supuesto. Yo diría que es importante invertir afuera, en las bolsas internacionales. Actualmente tengo un club de amigos con quienes administramos en conjunto un pequeño patrimonio y lo invertimos a través de un broker en Estados Unidos en diferentes acciones negociables en la Bolsa de Nueva York”.

Pero los negocios y las transacciones financieras no son las únicas actividades que ocupan su vida. Los libros de filosofía y economía, las novelas policíacas y revistas en alemán, francés e inglés, también tienen cabida en sus tiempos libres.

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