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  • Especial de confidencial.com.ni

El inmenso tamaño del Mercado Oriental y el hecho de que ahí puedan cobrar precios considerablemente más bajos que los del comercio formal, generan el reclamo de los gremios de la empresa privada agrupada en el Cosep, que rechaza lo que consideran “competencia desleal”, lo que facilita que en ese lugar se genere el 40% de la defraudación total en Nicaragua.

“Si hay evasión, significa que hay sectores que juegan de forma desleal, por medio del contrabando, la subvaluación, la defraudación aduanera y el enmascaramiento de la cuota fija, lo que les permite no tener que pagar igual que como lo hacen las empresas legales”, clamó José Adán Aguerri, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, Cosep.

Otros dirigentes gremiales del sector privado consultados por Confidencial, no dudan de que tal esquema no puede existir si no es con la “bendición” de algún “grande”, que podría pertenecer al partido de gobierno.

Por el tamaño de la operación (el sector privado calcula que el Oriental es responsable por el 40% de la evasión tributaria en el país, que el asesor presidencial Bayardo Arce calculó en C$9,425.8 millones solo en el 2010), no es posible que haya empleados menores actuando a espaldas de sus superiores.

“Si estamos hablando que la evasión anda por los 500 millones de dólares --esa es más o menos la cifra que maneja el Gobierno-- yo estoy seguro de que por ese medio (la defraudación en el Oriental) se puede estar dando entre un 40 o 50%, o sea, estamos hablando de entre 200 y 250 millones de dólares”, aseguró Eduardo Fonseca, Gerente General de la Cámara de Comercio, y ahora candidato a alcalde de Managua por el PLC.

Pisadas de "animal grande"

Si eso es correcto, ¿quién es la fuente de ese poder que puede secundar tal hemorragia de recursos, sin que las fuerzas coercitivas del Estado actúen en su contra?

Fonseca asegura que “para ese nivel de evasión, de contrabando y de devaluación, tiene que ser gente que tiene mucho poder y a la que no le hacen nada. Con solo tener dos dedos de frente se puede saber eso. Lo que yo no sé es si ese poder es en el Gobierno o es en otros lados, pero de que hay poder, hay poder”.

Róger Arteaga, exdirector general de Ingresos, asegura que “debe haber (un poder) porque alguien solo no puede hacer eso. Tiene que haber un sistema, una organización paralela que maneja un tráfico, porque ese es un tráfico, estamos hablando de productos, pero hay tráficos de tráficos, así que debe haber una organización paralela”.

“Es gente de poder, es gente que tiene entronque, por lo que es difícil para cualquier mortal llegar hasta ellos y lograr presionarlos, (porque tienen amistad) con miembros del Ejército, de la Policía, del Gobierno. Es gente que vos los ves, ves unos grandes edificios y vos decís, bueno y, ¿de dónde viene tanta plata?, ¿cómo hacen para meter tanta mercadería? Es poder. Es poder, son pisadas de animal grande”.

Avil Ramírez, Gerente de la Cámara Americana de Comercio de Nicaragua, Amcham, se pregunta si el Gobierno desconoce quiénes son los grandes defraudadores, porque “los cañones están puestos sobre los comerciantes que sí dan la cara en el mercado, pero poco se dice sobre el poder económico que está detrás de las transacciones millonarias que a diario se mueven en la sombra”.

Un problema de décadas

Luego del terremoto que destruyó a Managua en 1972, el Oriental creció de forma desmesurada, pero también desordenada, al extremo que no hubo administración presidencial ni edilicia alguna que tuviera éxito al intentar ordenarlo a lo largo de cuatro décadas, entre las pocas que lo intentaron.

Ese desorden permitió que se impusiera la ley del más fuerte, lo que es especialmente cierto entre un pequeño grupo de empresarios ávidos de ganancias que identificó las utilidades que pueden obtenerse en ese centro de compras y obtener los máximos beneficios, controlando la cadena de importación de productos.

Eso hizo que a lo largo de los años hubiera varios grandes importadores que competían entre ellos para ser quienes surtían a la mayor parte de los 17,000 comerciantes que hay ahora en el Oriental, aunque en esa época las fuerzas estaban un poco más distribuidas, porque había centenares de pequeños comerciantes que podían importar por su cuenta.

Aunque el grupo de los grandes se mantuvo más o menos estable por varios años, el número de los pequeños importadores se fue reduciendo paulatinamente, hasta que llegó, según algunos, a cero, acosados por lo que parece ser un muro impenetrable construido a su alrededor por el poder de los “grandes”, en alianza con funcionarios de la Dirección General de Aduanas.

Mucha gente en el Oriental conoce quiénes son esos “Señores”, pero el temor a sufrir una represalia física o comercial es tan grande que nadie se atreve a llamarlos por sus nombres, advirtiendo que “los grandes”, cuentan con la protección de algunos mandos policiales, entre activos y retirados.

Un antiguo pequeño importador reveló, hace unos meses, cómo el negocio familiar se vino a pique después que inspectores de Aduanas le retuvieran por varios meses una mercadería que había comprado en Asia para venderla en Navidad. Cuando la DGA le liberó sus furgones, ya corría el mes de abril del año siguiente, lo que le causó un gran daño económico y le obligó a dedicarse a otra cosa.

Cuando contactamos a la fuente de nuevo para que ampliara los detalles de la historia, se limitó a responder: “No quiero hablar más del asunto, ya que he consultado y es mejor no hablar sin evidencia, y evitarme problemas”, explicó.

DGA no confirma ni niega

Un pequeño comerciante explicó así el modus operandi de los grandes importadores: “El negocio comienza en Panamá, donde algunos de estos ‘Señores’ crearon sus propias consolidadoras de carga”", explicó.

El comerciante que quiere comprar su propia mercadería y tenerla disponible en su negocio en Managua en un tiempo razonable, se va a Panamá, donde adquiere los productos (ropa, juguetes, zapatos, electrodomésticos, etc.) y se presenta a cualquiera de las consolidadoras que “los Señores” han creado en Panamá.

En esas empresas, los encargados recibirán y tasarán la mercadería adquirida por el pequeño importador y calcularán cuánto es lo que tendría que pagar en Aduanas, si la trajera por su cuenta y pagara sus impuestos correctamente.

“Suponete que la mercadería debe pagar C$80,000 de impuestos, entonces le piden C$40,000 al comerciante, con lo que ellos (los consolidadores y sus contactos en Nicaragua) esperarán el furgón en la Aduana, y cuando llegue, lo revisarán y declararán (con la presunta complicidad de un funcionario de Aduana) que solo hay que pagar C$20,000 de impuestos”.

En el proceso el comerciante se ahorró C$40,000, la empresa del “Señor” se ganó C$20,000, y el fisco perdió C$60,000, calculó la fuente, recordando que ese mismo esquema se repite “una y otra vez”, sin que nadie se atreva a denunciarlo, frenarlo o enfrentarlo, por temor a perder el empleo… o la vida.

Subvaluando la subvaluación

Pero resulta que los “grandes” también importan por su cuenta, aprovechando ese esquema para librarse ellos mismos del pago de impuestos.

“Esto funciona de dos maneras: algunos de ellos lo que hacen es que traen, por ejemplo, un furgón con 100 refrigeradoras, pero en vez de declarar los 100 aparatos, lo que dicen es que traen 25 y que los otros 75 bultos contienen, digamos, hisopos para el oído”, narró la fuente.

Gracias a este esquema de subvaluación (que solo puede hacerse con la complicidad activa o pasiva de la Aduana), la mercadería del ejemplo citado, que debió haber pagado unos US$9,585 solo paga US$2,875 en el mejor de los casos, porque en ocasiones declaran precios menores a los reales, con lo que podrían terminar pagando solo US$1,310 por los mismos productos.

Recurrir a esta estratagema les permite dos cosas: por una parte, pagar aun mucho menos impuestos de los que ya habían decidido pagar, pero además, les “compra” una póliza de seguros antirreparos, en caso de que la administración de Aduanas pudiera llegar a reclamar en el futuro por los impuestos no enterados al fisco en el presente.

La razón es que la ley le da a la DGA un plazo de cinco años para reclamar por cualquier declaración y pago de impuestos mal hecha, con lo que los defraudadores podrían hacer que su “aliado” dentro de la Aduana les hiciera un reparo y los “obligara” a pagar los U$1,565 que hay de diferencia entre las dos subvaluaciones señaladas en el ejemplo.

“Esto los pondría a salvo de un nuevo cobro de la DGA en caso de que esta intentara hacer que le completaran los US$9,585 que el subvaluador debió pagar en realidad, porque al revalorizarlo una vez, se vuelve ‘irrevalorizable’ en el futuro, debido a que no puede aplicarse ajuste sobre ajuste”, dijo la fuente.

El otro esquema de defraudación aduanera es menos sofisticado, pero igualmente efectivo: un inspector de la DGA que recibe dinero de algunos de los “Señores del Oriental”, recibe el furgón en la frontera rivense, donde revisa la documentación y se asegura de que llegue a los almacenes de su “jefe” en Managua, pagando cualquier cantidad irrisoria para cubrirse las espaldas.

Confidencial intentó corroborar o descartar con las autoridades de la Dirección General de Aduanas la veracidad de estas denuncias, pero Aduanas no niega ni confirma, simplemente guarda silencio.

 

El silencio de los “grandes” importadores

Durante dos semanas consecutivas, Confidencial y Esta Semana solicitaron una entrevista a los grandes importadores del Mercado Oriental, pero la tarea resultó ser “misión imposible”.

Uno de los nombres que más repiten tanto los comerciantes como los exfuncionarios de Aduanas o de Ingresos, es Félix Hernández, asociado a “Importaciones Payita”, al Almacén de Depósito “Global”, y una urbanizadora que construyó un residencial con viviendas de estilo italiano en los alrededores de Las Colinas, en el sur de Managua.

Lo buscamos en “Importaciones Payita” y en el Almacén, pero Hernández no respondió las solicitudes de entrevista. Según su abogado, Mario Morales, la razón es que Hernández está “fuera del país”.

Tanto “Importaciones Payita” como Félix Hernández y la empresa constructora de su propiedad fueron mencionadas en el “WalterGate”. En el organigrama elaborado por la Policía Nacional, Félix Hernández aparece como contacto directo del defenestrado director de la DGI, Walter Porras.

El conclusivo de la investigación policial asegura que entre el 2010 y 2011, entre la constructora Improdesa, la comercializadora FH y las “Importaciones Payita”, recibieron en concepto de devoluciones cerca de 18 millones de córdobas.

En el mismo reporte, la Policía registra como “trámite de devoluciones sospechosas” otra operación a favor de Hernández por más de C$9 millones. Sin embargo, la Contraloría General de la República aún no concluye la auditoría a la DGI, para confirmar o descartar la conexión Porras-Hernández.

El abogado de Hernández, Mario Morales, aseguró que el empresario está fuera del país y que él no estaba autorizado para brindar información.

Varios intentos por entrevistar al comerciante Roberto Rivas (homónimo del presidente del CSE) resultaron igualmente inútiles. Personal de seguridad de su empresa comercializadora Roambeth S.A. se limitó a decir que no podían atender a nuestro equipo y rechazaron siquiera recibir una carta en la que se solicitaba la reunión.

Una petición similar hecha en el Almacén de Depósito ANBER, también de su propiedad, tampoco rindió fruto alguno porque el personal de vigilancia dijo que no sabían cuándo Rivas llegaría por el lugar.

Roberto Rivas Méndez y su empresa Roambeth S.A., aparecen en el conclusivo de la Dirección de Investigaciones Económicas, DIE, en el “WalterGate”, mencionados por Judith Reyes Balmaceda, la cabecilla de la red de gestores que dirigía Porras y que según declaró ella misma, trabajaba con el exsecretario de Organización del Frente Sandinista, Lenín Cerna.

Judith Reyes declaró a la Policía que por orientaciones de Cerna agilizó ante la DGI un reparo injustificado a favor de Roambeth, la empresa de Roberto Rivas, y en agradecimiento por sus gestiones, Rivas le regaló televisor doble plasma a Lenín Cerna.

 

(Con la colaboración de Álvaro Navarro)


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