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La embajada y el consulado de Nicaragua en San José, Costa Rica, reinició sus actividades regulares ayer, luego que el terremoto de 6.7 grados en la escala de Richter que estremeció el miércoles el territorio costarricense obligara a que la sede cerrara.

Centenares de personas que a diario acuden a la sede diplomática a solicitar pasaportes, records policiales, partidas de nacimiento y certificados consulares, documentos necesarios para tramitar cédulas de residencia y permisos de trabajo, tuvieron que regresar a sus casas.

Este corresponsal intentó contactarse con el embajador, Harold Rivas, para recabar más información, pero fue imposible hablar con él. “Decidimos no atender por el resto del día (miércoles) como medida de seguridad, pues nuestra sede se llena todos los días, y ante esta situación es mejor evitar una eventualidad de pánico”, dijo por su parte el funcionario de la embajada Allan Dávila.

Ayer por la mañana se podían ver tres largas filas en las afueras de la sede diplomática, donde la gente comentaba el susto que se llevaron el día miércoles.

No hubó víctimas

Pese a la intensidad del sismo, el segundo más fuerte en la historia de Costa Rica, no hubo víctimas que lamentar. Se había reportado el fallecimiento de una anciana costarricense a causa de un infarto, pero la Cruz Roja descartó que la muerte tuviera relación con el evento sísmico.

Los centros escolares también normalizaron sus actividades, al igual que todas las instituciones estatales en Costa Rica. Tamara García, una colegiala nicaragüense de 14 años, asistió a clases en San Felipe de Alajuelita.

Las autoridades han asegurado que los daños han sido “moderados”, con unas cien casas dañadas en Nicoya de Guanacaste, en la zona norte del Pacífico costarricense, cercana al epicentro del terremoto, así como carreteras obstruidas por derrumbes y puentes dañados.