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A sus 11 años de edad y cursando el sexto grado de educación primaria, Witman Yomar Castillo, habitante de Vista Hermosa, Ciudad Sandino, es un niño muy seguro de lo que dice. Reconoce que la computadora escolar XO que ayer recibió en su colegio le servirá para ser más eficiente en sus estudios.

Como un reconocimiento a la invaluable labor del doctor Juan Bautista Arríen, un total de 800 niños de primaria del colegio que lleva su nombre recibieron ayer un computador por parte de la Fundación Zamora Terán.

“Yo antes tenía que salir de mi casa a la biblioteca o iba al ciber a gastar reales para investigar mis tareas cuando nos dejaban investigaciones, pero ahora lo haré más seguro en mi casa”, dijo Castillo, quien con la entrega del equipo sustituyó la promesa de su mamá, que pensaba ahorrar algo de dinero para comprarle una computadora en el futuro.

Los alumnos beneficiados tendrán acceso a internet y para su ayuda los docentes fueron capacitados en el uso de esta herramienta tecnológica. En el mismo acto, Arríen, quien considera que su mayor pasión es la educación, recibió un reconocimiento que hizo extensivo a los estudiantes.

“Tengo una ilusión y tengo un porqué para vivir, y es la educación, es Nicaragua”, repite incansablemente Arríen, quien agradece a Dios por ponerle en su mente la construcción de este centro.

Escuela fue un sueño

La escuela es el resultado de un sueño que a mediados de la década de los 80 tuvo el doctor Arríen. Una mañana que salió de su casa a realizar sus ejercicios matinales llegó a las polvorientas calles de Vista Hermosa, y encontró un “molote de gente” que recién había llegado a vivir al lugar, tras ser reubicados en el municipio después de la guerra.

“Yo regresé a mi casa y me pregunté qué podía hacer. Gracias a tres mil dólares que me mandó una profesora de Ginebra (Suiza), construí la escuela”, recuerda Arríen, quien pronto cumplirá 82 años.

Originario de España pero con los ojos puestos en Nicaragua, logró levantar una escuelita con apenas dos aulas. Dos maestros impartían clases de primero y segundo grado a 146 estudiantes, en ese entonces.

En 1989 consolidó el proyecto con el apoyo de la Alcaldía de Ciudad Sandino y se construyó un pabellón que, hoy en día, alberga 15 aulas, 38 maestros y 1,350 alumnos de educación inicial, primaria y secundaria en los dos turnos de clases.

“Yo creo en la educación, y la educación activa con el deporte remueve, impulsa, sacude todo el potencial que tiene el ser humano”, dice este hombre que gusta de hacer natación todas las mañanas durante 45 minutos.

Con siete años de laborar en el centro, Wilmer Velásquez, el director, señaló que para seguridad de los estudiantes se logró construir, con el paso de los años, el muro perimetral, se cambió el techo y la capacitación a los docentes es constante.