Jorge Eduardo Arellano
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Llevar un mínimo diario de agua potable a los 1,100 millones de personas que no disponen de ella supone un coste irrisorio en tiempos de crisis y en tiempos de abundancia. Si no se hace es “por ausencia de voluntad política”. “30 litros por persona y día apenas representa un 1% del agua que usamos los demás; de que usamos, no del total que hay en el planeta, incluidos mares y océanos”. La Expo Zaragoza 2008 concluye este fin de semana con la lectura por parte de Federico Mayor Zaragoza de la Carta del Agua, el prometido texto donde se formalizarán las reflexiones que han de trasladarse a la opinión pública mundial.

Pero el martes se presentó un documento previo firmado ya por personalidades internacionales que han participado en los debates sobre el agua en todas sus vertientes. Este documento es una “declaración ética”, dijo el profesor de la Universidad de Zaragoza, Pedro Arrojo, que ha de servir de guía para las futuras actuaciones al respecto.

“El derecho al agua debe ser un derecho fundamental, como lo es el derecho a la vida, porque sin agua no hay posibilidad de vida para millones de personas”, afirmó Federico Mayor Zaragoza. “La humanidad deberá reconocerlo así y abandonar las tendencias mercantiles. La economía debe estar basada en energías renovables y en gestión y producción de agua; sí, en producción también porque hay que aplicar conocimientos para paliar el cambio climático y producir agua”, añadió el científico y ex director de la Unesco.

Una ruptura
Mayor Zaragoza se pronunció sin paliativos: “Ya está bien; esta carta debe representar una ruptura, en aras del consenso no podemos ir quitándole pétalos a la margarita y acabar con un compromiso pobre; haremos propuestas rompedoras, porque el agua debe repartirse con justicia y moderarse los apetitos privatizadores”, dijo. Domingo Jiménez Beltrán, ex director del Agencia Europea de Medioambiente, coincidió con Mayor Zaragoza en que estas conclusiones que se deriven de la Expo deben ser un “referente para el futuro” y España, la torre de vigía para que todo se cumpla. “De nada vale que hablemos de derecho si no se puede invocar en los tribunales”.