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Hilo y tela especial, precisión y un corte exacto es la clave para la confección de una prenda compresiva. El tiempo es oro y se dispone solo de una semana para que costureras de cinco países de la región centroamericana aprendan a mejorar las técnicas relacionadas con la elaboración de esta ropa que utilizan pacientes con quemaduras.

En un pequeño salón de la Asociacion pro Niños Quemados de Nicaragua, Aproquen, cuatro especialistas del Centro de Rehabilitación Sunshine Social Welfare Foundation, SSWF, imparten las clases a las costureras y fisioterapeutas provenientes de Guatemala, Honduras, Panamá República Dominicana y Nicaragua. Cuatro taiwaneses se encargan de la enseñanza.

“La medida que se toma a los pacientes debe quedar en su tamaño conveniente”, explicó Yuh Sien Tu, jefa del centro, y encargada de impartir la capacitación.

“Aquí lo importante es mejorar la calidad de la ropa compresiva, que quede confortable para el paciente y que no cause un daño, se debe calcular a través de fórmulas la presión de la ropa, es decir, que no afecte la circulación, pero que no sea tan suave que permita el crecimiento de las cicatrices hipertróficas”, dijo la doctora, Ivette Icaza, Directora de la Unidad de quemados de Aproquen.

Jessenia Díaz, confeccionista nicaragüense, señaló que la ropa se le pone al paciente una vez que las heridas sanaron para no correr el riesgo de que la tela se pegue en la piel. “Es el momento de tomar la medida, se hace en dependencia de la profundidad de la quemadura”, señaló Díaz.

Ropa debe cambiarse

Cada tres meses el paciente debe obtener una nueva pieza. En dependencia del caso la ropa se le confecciona durante dos y tres años. “Aquí aprendemos nuevas técnicas y las prendas quedan mejor terminadas, el resultado para el paciente es mejor”, agregó la confeccionista hondureña, Dinora Rodríguez.

“A la prenda se le debe ir graduando la presión con el tiempo para que la cicatriz quede normal”, explicó la fisioterapeuta hondureña, Fátima Mayorga.

La confeccionista guatemalteca Miriam de Orellana manifestó que el año pasado durante el primer curso, aprendieron a elaborar máscaras, guantes y camisas. Esta vez el aprendizaje está dirigido a elaborar calcetines y otro tipo de prendas.

El trabajo es posible con al apoyo renovado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwan. “La mayor dificultad es la medida, si el niño, por ejemplo, se mueve se pierde el estilo de la nariz, y a la hora de cortar la tela puede quedar muy alto o bajo. La máscara quedaría mal hecha”, agregó la fisioterapeuta guatemalteca, Otilia Chin.

Al cabo de unos meses Aproquen realizará visitas en cada país para conocer los avances y debilidades de las confeccionistas y fisioterapeutas.

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