•   Caracas, Venezuela  |
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  • EFE

Chávez tendrá un cuarto mandato, el tercero consecutivo, y con ello prolongará la guerra de odios y pasiones que le convierten en una figura idolatrada por unos como un defensor de la democracia con sensibilidad social, y vilipendiada por otros que lo ven como un mero dictador populista preocupado por sí mismo.

Se ha pasado los 14 años que lleva en el poder tratando de proyectar la imagen de hombre que supera las dificultades, y considerando cada uno de sus reveses como victorias. Esta vez alcanzó el triunfo más ajustado en sus cuatro elecciones para la Presidencia.

Lo hizo con un 54.4% de los votos en la contienda con mayor participación de las últimas décadas. Dos momentos han marcado su vida: el fallido intento de golpe de Estado de 1992 contra el entonces presidente, Carlos Andrés Pérez, que le llevó a prisión para después ser indultado, y el también fracasado golpe de Estado en su contra en 2002, que durante casi 48 horas le sacó del poder hasta regresar triunfal a Miraflores.

El 30 de junio de 2011 apareció solemne en los televisores del país para decir a la nación que tenía cáncer. Él mismo sumó la nueva encrucijada a los dos episodios anteriores.

Extrovertido, impúdico, carismático, Chávez ha hecho del ejercicio del poder un espectáculo televisivo en el que se presenta como defensor de los pobres, azote de los ricos, continuador del libertador Simón Bolívar y antagonista del “Imperio”, como llama a Estados Unidos.

Desde 1998 todo lo que sucede en esta nación sudamericana tiene algún vínculo preposicional con Chávez. Pasa por, contra, sin, con, para, según, bajo o ante el comandante-presidente de Venezuela. A favor o en contra, ningún venezolano puede explicar el día a día de su país sin mencionarle.

Hay quien sostiene que para los venezolanos su liderazgo tiene más de espiritual y religioso que de político y revolucionario. Por su discurso, fundamentalmente nacionalista, pasan Jesucristo, Che Guevara, Mao, Miranda, Túpac Katari o Marx, en una extraña comunión que Chávez consigue armar en una suerte de doctrina.

Defiende el socialismo con la cruz en la mano, ora en silencio en una capilla mientras el país le mira por televisión y va hacia una nueva operación en Cuba saludando desde un coche con una imagen de Jesucristo bajo la que se puede leer: “Y te sanaré”.

Amigo de los líderes más controvertidos, como el iraní Mahmud Ahmadineyad o el fallecido dictador libio Muamar el Gadafi, Chávez conjuga el tradicional caudillismo latinoamericano con una prédica en defensa de las luchas sociales que un día bautizó con el pegadizo nombre de Socialismo del Siglo XXI.

Presidenta de Argentina lo felicita

La presidenta argentina, Cristina Fernández, habló con el líder venezolano, Hugo Chávez, para felicitarle por una victoria que la mandataria considera de toda “América del Sur y el Caribe”.

“Acabo de hablar con el presidente Chávez, mucha emoción”, anunció Fernández en su cuenta de twitter, inmediatamente después de que se anunciara de forma oficial en Caracas el triunfo chavista en las elecciones celebradas ayer domingo.

“Tu victoria también es la nuestra. La de América del Sur y el Caribe. ¡Fuerza Hugo! ¡Fuerza Venezuela! Fuerza Mercosur y Unasur”, agregó la presidenta argentina. “Hugo, siempre cuentas las palabras del Bolívar solitario del exilio, cuando decía: “siento que he arado en el mar (...) Hugo, hoy quiero decirte que has arado en la tierra, la has sembrado, la has regado y hoy has levantado la cosecha”, añadió Fernández.

Hugo Chávez, en el poder desde 1999, ganó ayer las elecciones presidenciales de su país con el 54.42 % de los votos, lo que le permitirá gobernar hasta el año 2019, informó el Consejo Nacional.