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La neblina invadía las calles producto de la fuerte lluvia que se precipitaba este martes en la ciudad de Diriamba.

Casi a las siete de la mañana, al igual que todos los días, no había ni un solo bus en la parada, y los usuarios que necesitaban trasladarse hacia Managua se aferraban a una pared para protegerse del agua, porque en esta ciudad el espacio que utilizan como terminal los de la Cooperativa Obreros del Volante (Codevo) es un tramo de carretera.

En la acera los pasajeros solo cuentan con un alero cuyo ancho equivale a dos hojas de zinc, así que los que pueden acomodarse ahí medio se libran de la lluvia, los demás quedan a la soberana intemperie.

Al observar la presencia del equipo de El Nuevo Diario los usuarios empezaron a quejarse, haciendo énfasis en que están hartos de pagar más por el mismo mal servicio, sin embargo, esto molestó al chequeador y a otros de la cooperativa que estaban ahí, quienes amenazaron al fotógrafo.

Posteriormente, el equipo se trasladó a Jinotepe, donde está ubicada la terminal departamental. Ahí la gente no se está mojando porque hay techo, sin embargo, las condiciones del terreno son pésimas, si alguno de los usuarios tiene cálculos en cualquier órgano, ahí fácilmente se le acomodan o los expulsa por la boca.

Unidades en mal estado y paradas improvisadas

En tan sinuoso terreno no hay calzado que salga limpio, pues varias unidades están parqueadas sobre charcos y listas para ser abordadas.

Muchos buses están acordes con ese panorama, la carrocería está carcomida por el sarro, otros tratan de disimular las imperfecciones con ridículas capas de pintura y cabe preguntar que si así están por fuera, ¿cómo andarán los motores?

Se supone que estas instalaciones son el punto donde las unidades de transporte deben colmar su capacidad para luego empezar su trayecto hacia Managua, Masaya y demás destinos, no obstante, los transportistas utilizan como bahía improvisada un espacio que hay entre la Carretera Panamericana y una acera, exactamente en la entrada al recinto.

En ese sitio, a pesar de que la unidad ya estaba llena, seguían esperando pasajeros, y al ver que el reportero gráfico tomaba fotos, trataron de agredirlo, lo empujaron, conscientes de que estaban violando los derechos de los usuarios.

Al ingresar nuevamente a la terminal se constató que en todas las rutas se comenten abusos. Así, un “expreso” que va hacia Rivas se disponía a salir y llevaba pasajeros hasta en la famosa banquita, cosa inaudita si se toma en consideración lo incómodo que puede resultar un viaje de casi dos horas prácticamente apretado.

No hay temor a las multas

Posteriormente, el equipo periodístico siguió a otro “expreso” hacia Masaya, y este iba realizando paradas constantes en busca de “clientes”. Lo mismo observamos con un interlocal que viaja de San Marcos a Managua.

El Nuevo Diario constató que varios de estos microbuses andan circulando sin placas, lo que, según la Ley para el Régimen de Circulación Vehicular e Infracciones de Tránsito, en su capítulo III artículo 43, genera una multa por C$200.

Haciendo el recorrido por la vía de La Concepción-Ticuantepe-Managua, resultó complicado viajar detrás de un “intermortal” (como le llaman los usuarios), porque pese a las condiciones climáticas, el conductor iba a exceso de velocidad y aventajando donde le resultara conveniente, sin importar si era lícito o no.

Recoger pasajeros fuera de la bahía o en lugares no establecidos, como paradas, significa C$150 en multa. Asimismo, conducir a exceso de velocidad, de conformidad con la legislación de Tránsito, cuesta C$1,500, sin perder de vista que dicha infracción está tipificada entre las de mayor peligrosidad.

Aventajar en pendientes, curvas o puentes se penaliza con C$400, y es una de las faltas más frecuentes.

El exceso de pasajeros, que obliga a los usuarios a ir cargando a los que llevan de pie, es castigado con C$300, y en relación con ello no hay que perder de vista que este factor, sobre todo en las noches, obliga a que viajen con las puertas abiertas, por lo cual deberían pagar C$400.