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La mandíbula desencajada, una herida de varios centímetros en la cabeza, la mano izquierda fracturada y la rodilla del pie izquierdo inflamada, que le impide caminar con normalidad, son las huellas visibles que dejó en el cuerpo del taxista Léster Antonio Rodríguez, la vapuleada que --según él-- recibió a manos de policías antimotines durante y después de su captura el pasado 1 de octubre, cuando realizaban un tranque en la Rotonda “Rubén Darío”.

Ante los señalamientos hechos por Rodríguez, el vocero de la Policía Nacional, comisionado mayor Fernando Borge, comunicó a través del comisionado César Cuadra Soriano, que la institución policial “no tiene ningún comentario”.

“De lo que dice el señor (Léster Antonio Rodríguez) no hay ningún comentario”, fue el mensaje que transmitió a través del comisionado Cuadra Soriano, el portavoz de la institución policial.

Rodríguez fue capturado por la Policía hace 10 días en un enfrentamiento entre taxistas y antimotines en las inmediaciones de la rotonda “Rubén Darío”, durante una protesta de ese gremial.

El taxista impactó con su carro al antimotín Heriberto Castro Maradiaga, cuando forcejaba con uno de los tres policías que intentaban sacarlo del vehículo en marcha y tomar el control del timón.

Sobre este hecho, el obrero del volante tiene su propia versión, la que narra de la siguiente manera: Uno de los tres policías recibió la orden de quebrarme los pies, dijo el taxista.

Los puntapiés o patadas hicieron que las extremidades inferiores de Rodríguez, que en ese momento estaban sobre los pedales del freno y embrague, hizo que sus pies cayeran sobre el acelerador, según su relato.

Policía lo noquea

Rodríguez indicó que él perdió el control del timón cuando el agente policial lo “noqueó”, propinándole golpes en el rostro, que le hicieron sangrar de la nariz y del pómulo derecho.

Tras ser “noqueado”, Rodríguez asegura que se despertó ensangrentado cuando lo llevaban boca bajo en una patrulla a la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ, con un antimotín poniéndole la rodilla sobre la espalda, a quien acusa de haberle sustraído su billetera con 260 córdobas y el teléfono celular.

En la DAJ, un subcomisionado a quien describe como delgado, alto y pelón, dio la orden para que los garrotearan otra vez, desmayándose por segunda ocasión, para luego ser llevado al Hospital “Roberto Calderón”, aseguró Rodríguez.

“Ahí --en el hospital-- me curaron las heridas de la cabeza, el oído, me tomaron una placa en la mano izquierda y me llevaron a maxilofacial, donde el médico me encajó la mandíbula”, relató el entrevistado.

Carro destruído con saña

Rodríguez aseguró que en la DAJ le destruyeron su taxi, destrozando con bayonetas el tapizado de los asientos, quebrando los vidrios a culatazos y dañando la carrocería a garrotazos.

“Mi carro, el cual todavía debo, quedó convertido en chatarra”, afirmó el taxista, quien también tiene una deuda de C$40,000 con prestamista, quien le entregó dinero para terminar de acondicionar su medio de trabajo.

Rodríguez expresó que no está interesado en promover acciones judiciales contra los policías que lo golpearon, “porque lo que más me interesa es mi salud”.

Por su parte, Pablo Cuevas, asesor jurídico de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, CPDH, dijo que el uso excesivo de la fuerza por parte de la Policía contra los taxistas está siendo documentado para presentar la denuncia correspondiente ante la Dirección de Asuntos Internos de la Policía.

Si los afectados deciden acusar a los policías que los golpearon y causaron daños en sus medios de trabajo, deberán hacerlo de manera personal, explicó Cuevas.