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Los familiares de Alma Verónica Chavarría Suárez, asesinada el jueves 18 de octubre a sangre fría en Nandaime, le habían advertido sobre los antecedentes violentos de su entonces pareja, Francisco Jarquín Espinoza, sin embargo, ella no escuchó. Hasta hace poco, cuando decepcionada les planteó que deseaba regresarse a vivir a Miami, Estados Unidos, pero su indecisión la llevó al desenlace fatal.

Chavarría, de 41 años, residió en los Estados Unidos desde los 16 años cuando emigró al país del Norte, pero acostumbraba a visitar constantemente a sus familiares en Nicaragua, y fue en uno de esos viajes a Nandaime que conoció a su victimario, Francisco Jarquín Espinoza, con quien entabló primero amistad, y luego una relación de pareja desde hace dos años y medio, pese al rotundo desacuerdo de todos los miembros de su familia.

“El año pasado --2011-- ella se vino a vivir a Nandaime. Nosotros nos opusimos rotundamente a esa relación y se lo advertimos muchas veces, le recordamos lo que había hecho (Jarquín) con su primera esposa en Miami. Una vez, incluso, discutimos y se molestó conmigo… yo le hice ver que le decíamos esas cosas porque la queríamos, porque le deseábamos lo mejor, y ese hombre no era bueno. Yo tenía miedo de que le hiciera lo mismo”, lamentó Jacqueline Chavarría Suárez, su hermana.

Sin embargo, con el paso del tiempo, Chavarría presuntamente fue perdiendo el interés en la relación, y una semana antes del suceso le dijo a su hermana que estaba pensando en regresar a los Estados Unidos. “A mí me parece que ella sola se dio cuenta de que ese hombre no le servía, porque ella trabajaba, era dueña de su negocio, vivía bien económicamente y no necesitaba de él”.

La señora era propietaria de un negocio de auto-repuestos en Managua, y de una ferretería ubicada en el mercado municipal de Nandaime, en cuyo interior, precisamente, Jarquín Espinoza le quitó la vida con una pistola calibre 25.

Doña Jacqueline Chavarría recuerda a su hermana como una mujer emprendedora, con ganas de mejorar sus condiciones de vida y la de sus dos hijas, pero también dice que fue muy sufrida, porque durante su primer matrimonio recibió maltrato de un hombre que la golpeaba, y con el segundo se llevó una gran decepción, puesto que se convirtió en un alcohólico.

“Fue muy sufrida, tuvo mala suerte en el amor, porque nunca encontró a un hombre que estuviera decidido a luchar a su lado, que estuviera a su altura… y, por último, se encontró a este hombre que acabó con su vida”, lamentó Jacqueline Chavarría.

Su hermano la vio ensangrentada

Su hermano, José Lenin Chavarría Suárez, presenció los últimos minutos de vida de su hermana. Recuerda que llegó pasadas las diez de la mañana del jueves, pero al entrar no la vio por ningún lado.

“Llegué y me senté, yo no sabía que ellos estaban adentro, cuando le pregunté a un trabajador, me dijo que ella estaba en el baño, pero después pasó mucho tiempo, y al ver que no salía, me fui a buscarla, y ahí me encontré con la triste escena: los dos estaban tirados en el suelo, ensangrentados”, dijo su hermano.

Madre de primera víctima buscó justicia

La familia doliente, amigos y vecinos no comprenden cómo las autoridades nicaragüenses permitieron que el sujeto (Jarquín) gozara de libertad, luego que él mismo confesara haber estrangulado a su primera esposa, Elliet Sequeira Ruiz, una joven nandaimeña de 28 años, quien en julio de 2008 apareció muerta bajo el puente de las Siete Millas, en la Florida.

Tras el asesinato, la madre de la joven, doña Yadira Ruiz Fletes, buscó el apoyo de la Procuraduría General de la República, de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y de la Policía Nacional, pero todo fue en vano, nunca hubo repuesta.

“Yo pedí que fuera juzgado en los Estados Unidos, pero el gobierno de Nicaragua respondió que no había ningún tratado para extradición, incluso la comisionada Aminta Granera, en aquella ocasión, dijo que no bastaba con que él confesara su crimen, que necesitaban pruebas para acusarlo. Y así quedó el caso, en la impunidad”, aseguró la madre, Yadira Ruiz.

“Si en ese tiempo hubieran actuado conforme a la ley, creo que habrían evitado la muerte de esta señora”, añadió, refiriéndose a Alma Verónica Chavarría Suárez.

En vista de que el caso aún permanece abierto en aquel país, días atrás un detective se comunicó vía telefónica con doña Yadira Ruiz para corroborar el deceso de Jarquín Espinoza, y aunque la señora le confirmó la noticia, el detective le comunicó que necesitaban ver el acta de defunción y otras pruebas materiales.

Sepelios de la pareja

El sepelio de Francisco Alejo Jarquín Espinoza se llevó a cabo el viernes 19, a las 3:00 pm. El féretro salió de la que fue su casa de habitación en el barrio “Óscar Turcios”, de Nandaime, luego que recibiera el último responso en la parroquia Jesús Nazareno, del municipio granadino.

En cambio, el cadáver de Alma Verónica Chavarría Suárez fue sepultado el sábado 20, a las 4:00 pm, luego de ser velado en la casa de su progenitora, Sara Suárez, y de que acudieran familiares que residen en Estados Unidos.

Según una fuente consultada por El Nuevo Diario, que pidió no ser identificada, el examen forense practicado en el Instituto de Medicina Legal, confirmó que el deceso de ella se produjo a causa de un solo disparo en la parte frontal de la cabeza.

El Nuevo Diario quiso conversar con la jefa de la estación policial del municipio, comisionada María Lidia Hernández, para conocer los detalles que todavía no han sido aclarados --como la causa de la discusión entre la pareja--, pero se excusó diciendo que las investigaciones no están a su cargo.