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“Adiós, hijo de mi alma… Si eras vos, amor, quien me tenías que llorar y no yo a vos”, fueron las palabras con que ayer por la tarde doña Argentina despidió a su hijo Marcos Antonio Castillo Cajina, antes de ser sepultado en el Cementerio General de Managua. El multitudinario cortejo fúnebre se detuvo ayer frente al Complejo Policial “Ajax Delgado” para protestar y exigir justicia.

Castillo, de 32 años, fue ultimado el sábado por el policía Luis David Urbina Escobar, cuando la víctima forcejó con él dentro de un taller automotriz que la familia posee en el barrio Santa Ana, de la capital. La víctima falleció desangrado tras recibir un impacto de bala en el abdomen.

A pocos metros de donde estaba la madre doliente, un niño, sobrino de Marcos Antonio, pedía casi llorando a su padre que lo llevará junto al féretro. “Quiero ver al tío Marcos”, repetía el menor.

El multitudinario sepelio, al que concurrieron amigos y familiares de la víctima, se convirtió ayer en una marcha de protesta donde la principal demanda fue hacer justicia castigando al policía.

Antes de ser llevado al principal campo santo de la ciudad, el féretro con los restos mortales de Castillo Cajina fue puesto en la entrada del portón principal de la Central de Policía “Ajax Delgado”, a la que está asignado el patrullero acusado de quitarle la vida.

Luego la marcha fúnebre encabezada por casi un centenar de motociclistas y más de 50 automovilistas, se dirigió al barrio Santa Ana, pasando frente al taller automotriz donde todavía ayer se observaba la mancha de sangre dejada por Castillo.

“Queremos justicia para un buen padre… Queremos justicia para un buen amigo”, eran algunas leyendas visibles en los cartelones con fotografías de Castillo que portaban los motoristas, que además sonaron las bocinas e hicieron rugir los motores cuando la procesión fúnebre avanzó sobre la calzada central del Cementerio General.

Una vecina que presenció el momento en que Castillo fue baleado por el patrullero, relató que este desangrándose solo tuvo aliento para decirle “me pegaste (heriste) por un casco”.

Según las primeras versiones del incidente que terminó en desgracia, los patrulleros dieron persecución a la víctima porque esta viajaba en su moto sin casco.

Elías Rojas, otro de los asistentes al entierro, consideró que lo sucedido debe llamar la atención de los mandos superiores de la Policía Nacional, para tener un mejor criterio en la selección del personal que ingresa a las filas policiales.