•   Tlaxcala, México  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Con gran esperanza, la nicaragüense Marta Pérez, quien participa en la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos que recorre 14 Estados de México, se levantó en medio del frío clima de Tlaxcala, pero contenta, con el corazón anhelando el reencuentro con su hija Carla Patricia Pérez, a quien por siete años no ha visto, desde que se fue en busca del “sueño americano”.

Lo último que doña Marta supo es que su hija estaba en México y con tan pocas pistas, sin dudarlo, emprendió el viaje promovido por el Movimiento Migrante Mesoamericano, coordinado en Nicaragua por el Servicio Jesuita para Migrantes.

Días atrás, en un albergue, dos migrantes le aseguraron que la habían visto en Apizaco, por lo que esperaba lograr abrazar a su hija nuevamente, sin embargo no todo resultó como ella ansiaba.

De Tlaxcala se trasladó a Apizaco, al Mercado Municipal 12 de Mayo, donde de tramo en tramo fue mostrando las fotos de su hija y pegando su imagen por todos los alrededores.

"Sí, la he visto", pero no logró localizarla

“Sí la he visto”, expresó con seguridad María Ramona Vásquez, en la comidería La Fonda de Carmelita, quien aseguró identificarla y que la ve continuamente, pero no más que eso, alegando desconocer mayores datos de la persona.

“Se le ve bien. Aquí vienen muchos migrantes de Honduras, El Salvador y Nicaragua, pero la mayoría son malvivientes”, dijo despectivamente, aunque reconoció que algunos son trabajadores dedicados.

La emoción era mayor cuando otros igual dijeron haberla reconocido, al menos ocho personas, y a otras dos solo les parecía haberla visto, pero nadie supo decir dónde podría encontrarla.

Doña Marta intentaba sonreír a las personas cuando les preguntaba sobre su hija, pero la esperanza se fue desdibujando mientras más caminaba sin tener una pista sólida para encontrar a su hija.

Por más de dos horas hizo su recorrido y pasó por todos los tramos cercanos a la Plaza Guadalupe y finalmente terminó en el Parque de Apizaco, sin alcanzar su cometido y con su rostro triste regresó a los vehículos que la transportan, sin haber encontrado a su hija.

Apesarada y cansada se subió al carro, pero con la satisfacción de que muchas personas la vieron sana y salva.

“Aunque no la encontré, me siento mejor, porque parece que está bien. Tengo confianza en que Dios me va a ayudar a encontrarla”, dijo doña Marta mientras regresaba a la caravana, que emprendería el camino a Puebla, con la confianza en que las organizaciones de migrantes de Apizaco harían lo posible por ayudarla a terminar lo que ella comenzó.