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Recientemente asistimos, dos de mis nietos y este servidor, a presenciar el partido inaugural de la Liga de Béisbol Profesional 2012. El propósito era disfrutar de un buen partido y distraer un poco la mente del quehacer cotidiano. En parte se logró el objetivo, sin embargo, toda la alegría y el entusiasmo se derrumbó a causa de la presencia de uno de los principales enemigos de la salud pública, el tabaco. Pareciera que ese día, no sé si es así en todos los partidos, hubo convocatoria de fumadores en el estadio.

Estar en medio de esta situación provoca un sentimiento contradictorio. Por una parte, da tristeza observar cómo las personas, y sobre todos los jóvenes, atentan contra su salud y hasta contra su vida, pero por otra, molesta que violenten el derecho a la salud de los que no fumamos.

Pareciera que las personas que practican ese hábito dañino no saben que diversos estudios informan que en el mundo, uno de cada diez adultos muere por causa del tabaco. El tabaquismo es una epidemia grave y sus efectos son mortales. En Nicaragua, según datos públicos de 2009, fallecen anualmente 100 personas por exposición directa al tabaco, y lo que más duele es que mueren 500 fumadores pasivos.

Hay quienes alegan que cada quien es libre de hacer con su vida lo que le plazca, pero esa “libertad” por demás absurda, debe tener límites para que se respete el derecho a la salud y a la vida de quienes no practicamos ese vicio. Decimos esto, porque está comprobado que los daños por tabaquismo pasivo afectan gravemente y cada vez más a los niños, causando enfermedades tales como: el asma, la bronquitis, deficiencias a nivel respiratorio, dificultades en el crecimiento, problemas corporales como el  menor desarrollo de los pulmones, otitis, trastornos de conducta y de aprendizaje, etc...

El sitio de internet Universia, informa que los efectos nocivos del tabaco se deben a cuatro sustancias químicas que contiene la hoja: nicotina: es la que produce dependencia; monóxido de carbono: un gas que procede de la combustión incompleta de la hebra de tabaco; gases irritantes: que afectan al aparato respiratorio; sustancias cancerígenas: en el humo del tabaco se han detectado diversas sustancias potencialmente cancerígenas, como el benzopireno, que se forman durante la combustión del tabaco o del papel de los cigarrillos.

El cigarro daña al ser humano: en lo biológico, pues es causa de enfermedades severas y hasta de muerte; en lo psicológico, en tanto, convierte en adicta a la persona que practica este mal habito; en lo social, por los efectos nocivos para la salud pública y el medio ambiente; y en lo económico, ya que la persona adicta despilfarra dinero que podría ser requerido en el hogar.

Hacemos un llamado a las personas fumadoras a que desistan de continuar atentando contra su vida y contra la del prójimo. Si ya han intentado dejar ese vicio y no han podido, les invitamos a probar con Jesús. Él quiere que usted sea libre, que no esté atado a ese ni ningún otro vicio. Para ello pídale que venga a su vida; dígale: ‘Jesús mío, te acepto como mi Señor, te pido que me des fortaleza y dominio propio para librarme de este yugo del tabaquismo’. Hágalo, no lo piense, su día es hoy, y verá que será equipado para enfrentar y vencer esa debilidad.

Para mayor información sobre El Taller del Maestro, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com