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Decimoctavo día. – Después de treinta años, doña María Teodora Ñaméndez, de 75 años, logró encontrar en el Estado de Veracruz, México, a su hijo Dionisio Francisco Cordero Ñaméndez, que se consideraba desaparecido, pero a quien este lunes podrá abrazarlo y al mismo tiempo conocerá a sus tres nietos.

Doña María Teodora, de origen chinandegano, es parte de la Caravana de Madres de Migrantes con Familiares Desaparecidos que tiene aproximadamente 15 días recorriendo el territorio mexicano, en busca de sus seres queridos.

El encuentro madre e hijo se realizará en el municipio Tierra Blanca, en el Estado de Veracruz, lugar en el cual Cordero se asentó al ingresar a México, desde Guatemala, a los 17 años. Ahí, al igual que muchos migrantes, se remontó en el tren en busca de una vida mejor, cuando Nicaragua sufría el conflicto bélico de los años ochenta.

En la actualidad Cordero se encuentra en rehabilitación, por haber caído en las garras del alcohol por algún tiempo, luego tomó las riendas de su destino, formó una familia y tiene tres hijos ya adultos que mañana van a conocer a su abuela.

La noticia de que su hijo fue encontrado la supo doña María Teodora este sábado por la mañana, luego que miembros del Movimiento Migrante Mesoamericano, MMM, realizaron una investigación que comenzó con la última dirección que la madre tenía en una carta.

Rubén Figueroa, del MMM, que impulsa a la Caravana de Madres, en México, dijo que lo único que tenían era la dirección de la última carta recibida en 1985, con ubicación en la ciudad de Veracruz, y de ahí fueron indagando sobre el paradero de Cordero, hasta que de casa en casa logaron encontrar a antiguos vecinos y amigos. Ellos les guiaron hasta la suegra de Cordero, quien a su vez llamó a la hija de éste, y ambas los llevaron a él.

Creyó que su madre había muerto

Nos dijo que para 1985 envió varias cartas a la dirección de su mamá, pero estas le rebotaron, por lo que incluso creyó que su mamá ya había fallecido”, comentó Figueroa, señalando que el hijo que ahora tiene 51 años comenzó a llorar al enterarse de que su mamá está viva, en México, y buscándolo.

“Está totalmente rehabilitado. Es una persona responsable, regularizado en México y trabaja como azulejero. Tiene familia; tres hijos: Daniel, Araceli y Mayra. Está feliz de reencontrarse con su mamá”, aseguró Figueroa, quien recordó a Cordero cuando expresó con mucha emoción: “Es como si esto fuera una novela. Solo ahí pasan estas cosas”.

Este viernes otro reencuentro ocurrió entre hermanas nicaragüenses que tenían años de no verse. Martha Esperanza y Blanca Azucena Blandón García, cuyo encuentro lo realizaron de forma privada.

El reencuentro de doña Teodora será el cuarto entre madres que buscaban a sus familiares migrantes desaparecidos a través de la Caravana de Madres.

El sábado, la Caravana de Madres estuvo presente en el Claustro de Sor Juana, donde las madres tuvieron un encuentro cultural, gracias al Colectivo de Huehuetoca y se realizó un encuentro con un grupo de trabajo sobre migración.

Este domingo las madres visitarán la Basílica de Guadalupe, en el Distrito Federal, donde darán gracias a Dios y a la Virgen morena por los encuentros con los migrantes, ahora encontrados, y pedir por el reencuentro con los otros familiares aún sin encontrarse.

“Sentía que estaba vivo

“En mi corazón sentía que estaba vivo”, expresó doña Teodora, madre de ocho; cuatro hijas y cuatro hijos, y lloró al conocer que su retoño había sido localizado.

Comentó que lo primero que hará será darle un buen abrazo y después un jalón de orejas, por “bandido”, por no haberse comunicado durante todo este tiempo.

“Siento gran alegría y felicidad por haberlo encontrado. Vengo en la Caravana de Madres viendo a todos estos muchachos en los albergues, sucios, con hambre, durmiendo en el suelo y corriendo detrás del tren. Pobrecitos, me da pesar verlos así”, expresó doña Teodora, quien agradeció a los organizadores de la caravana por su trabajo con los migrantes y por haberle dado la oportunidad de estar en México y ayudarle a localizar a su hijo.