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Las familias de cuatro pescadores de Masachapa, desaparecidos desde la tarde del pasado 31 de octubre, claman por un milagro que traiga con vida a Giovanni Molina, de 30 años; Arlen Mojica, de 34; y a los hermanos Israel y Ricardo Mendieta, este último capitán de la pequeña embarcación “Galilea II”. Desde el viernes, oficialmente, cesó la operación de búsqueda y rescate.

“Ahora solo confiamos en un milagro de Dios”, afirmó Claudia Zúniga Solórzano, esposa de Giovanni Molina, mientras sostenía sobre sus piernas a Heyling Molina Zúniga, la menor de sus dos hijas, quien todas las noches pregunta: “¿Va a venir mi papá?”

Zúniga relató que desde la desaparición de su marido junto a otros tres pescadores, todos los días por las mañanas y tardes bajan a la costa con la esperanza de avistarlos en la inmensidad del mar.

Ella alberga en su corazón la esperanza de que su esposo y los otros tres pescadores estén vivos, aunque a la deriva mar adentro, “porque si la lancha se hubiera hundido ya hubieran aparecido algunos de los objetos que llevaban ellos, como pichingas, termos y boyas”. La embarcación está dotada con un motor de 75 caballos de fuerza.

Zúniga señaló que esta la segunda vez que alguien de su familia se ve involucrado en un drama de esta naturaleza, porque hace 24 años su hermano Félix Solórzano Gutiérrez sobrevivió durante 23 días en el mar, junto con Arnoldo Neyra, luego que la pequeña embarcación en que pescaban se volcó.

“Si mi hermano y su amigo sobrevivieron, ellos también podrán sobrevivir, porque están mejor preparados”, dijo Claudia Zúniga, quien agradeció el respaldo recibido por parte de los pobladores de Masachapa, autoridades locales y gubernamentales.

Segunda vez que se pierde

Blanca Dolmus Cabrera, esposa de Ricardo Mendieta, capitán de la embarcación, no puede evitar las lágrimas cuando se refiere a los momentos de angustia que viven por la desaparición de su esposo.

“Tengo la fe en Dios que un barco los va a encontrar y serán rescatados”, aseguró Dolmus Cabrera, en medio de la tristeza que la embarga por no saber del paradero del padre de sus cuatro hijos, uno de ellos un niño de 10 años.

Dolmus reveló que hace varios meses su esposo estuvo desaparecido en el mar durante dos días, pero fue porque la embarcación se les quedó sin combustible, y que en esa ocasión fueron rescatados a poca distancia de las costas de Masachapa.

Entre los pescadores de Masachapa existe la creencia de que los desaparecidos probablemente navegaron hasta 40 o 45 millas de las costas de esa comunidad, en búsqueda del llamado pez dorado, el que por su tamaño y peso es mejor pagado por los acopiadores.

Relato de un sobreviviente

El 26 de marzo de 1988, iniciando la Semana Santa, los pobladores de Masachapa vivieron un drama similar al actual, cuando los pescadores Félix Solórzano Gutiérrez y Arnoldo Neyra desaparecieron, luego de zarpar a las siete de la mañana de ese día.

Solórzano narró que la embarcación en que se transportaba con Neyra se volcó dos horas después, siendo arrastrados por las corrientes hasta 250 millas frente a las costas de México, donde fueron rescatados por los tripulantes de un barco camaronero, el 17 de abril de ese año.

“Durante esos 23 días nos alimentamos con sangre de tortuga”, afirmó Solórzano, quien confesó que en ocasiones, durante la odisea, perdió las esperanzas de sobrevivir, pero afortunadamente se equivocó.

Solórzano, quien volvió a sus labores de pescador dos meses después de haber sido rescatado, relató que durante la primera semana de su odisea ponía unas rayitas en la embarcación, para ir contando los días que transcurrían, pero luego de transcurrir 12 días perdió la noción del tiempo.

Solórzano tiene la confianza de que sus colegas desaparecidos serán encontrados y rescatados en alta mar.

Tercer drama en 24 años

Poco después de la desaparición y rescate de Solórzano y Neyra, en Masachapa se vivió otro drama, con la desaparición de tres pescadores, el 24 de julio de 1990. A ellos, lamentablemente, “se los tragó” el mar.

Los pescadores que nunca más volvieron a ser vistos con vida, eran Medardo Dávila, Enrique Narváez y Crisanto Rodríguez. Este último fungía como capitán de la pequeña embarcación, recuerda Alejandro Narváez, hermano de una de las víctimas.

“Ahora todas las iglesias evangélicas de Masachapa y San Rafael del Sur estamos en ayuno, a la espera de un milagro de Dios”, dijo Narváez, agregando que una ventaja que tienen los cuatro desaparecidos es que ahora hay más tráfico marítimo que hace 22 años, cuando desapareció su hermano junto a otros dos pescadores.