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No hay duda de que los cambios en nuestro entorno natural son un reflejo de que existe una relación directa entre el cambio climático, los fenómenos meteorológicos y nuestra salud, explicó el científico canadiense y especialista en Ciencias de la Salud, Tim T. Takaro.

Los registros mensuales sobre el clima en Jinotega, que Takaro lleva en sus informes desde hace 30 años, reflejan que en este período, desde 1982 hasta 2012, hubo un ligero aumento de dos grados centígrados promedio en la temperatura de esa zona.

Mientras que en Managua --agregó el científico-- el clima caluroso que agobia a los capitalinos aumentó por lo menos un grado centígrado desde 1942 a esta fecha.

“Eso es común en todo el mundo, los cambios son más amplios en las zonas norte y sur, en el centro es menos; la otra cosa es que en las montañas aumenta más la temperatura y eso es por los efectos de los gases invernadero”, dice Takaro.

El calor, el frío, las sequías, las tormentas que se desarrollan con mayor intensidad, o la vulnerabilidad de las cuencas de agua potable e hidroeléctricas, son algunos de los efectos y la viva personificación del cambio climático.

“Es muy cierto y eso está cambiando la temperatura, las precipitaciones, las fuerzas de las lluvias y las tormentas, inclusive la frecuencia. Eso es amenaza para la agricultura y para el agua potable, además, para las fuentes hidroeléctricas”, explica Takaro.

Takaro prefiere centrar sus estudios en los sistemas de agua que tienen los países en desarrollo, como Nicaragua, para describir las amenazas que estos cambios tienen en la salud. Sus análisis los efectúa específicamente en las cuencas de agua potable que existen en los municipios El Cua y San José de Bocay.

Los bosques desnudos, el fuego, la agricultura intensiva y sin reposo, la gran afluencia de animales en las fuentes del vital líquido, son algunos signos que inciden en el manejo de las cuencas de agua potable e hidroeléctrica que existen en la zona.

“Con mapas las alcaldías pueden planificar las acciones que se pueden tomar en los alrededores de la cuenca, por ejemplo, si se deben plantar árboles para prevenir la erosión y proteger la fuente para el futuro con los modelos de clima que hay ahora”, señaló

Más sequía

En los registros que lleva en su informe el científico canadiense, también se refleja un cambio en las precipitaciones y en la fuerza de los ciclones y de los huracanes.

En Nicaragua el registro de una estación pluvial ubicada en la región de Bonanza, en el Caribe Norte, hace un recuento de que a inicios de 2001 el país experimentó una marcada tendencia de sequía y la historia de poca lluvia se repitió en 2003.

Sin embargo, 2001 fue de mucha precipitación, refleja el informe en poder de este científico. “El problema es que los modelos dicen que va a aumentar más la sequía y para el 2080 en la zona de América Central va a aumentar bastante, esa es la amenaza que tenemos”, dijo Takaro.

En la salud

Además, esos cambios traen consigo intrínsecamente cambios en las cifras de enfermedades infecciosas como diarrea, dengue y malaria.

Un estudio que se realizó en el Distrito Dos de Managua en niños en edad pediátrica, de dos a 12 años, para documentar la historia natural del dengue, entre 2004 y 2008, revela que durante este período se detectaron 159 casos sintomáticos.

En los primeros cuatro años la seroprevalencia de antivirus dengue aumentó de un 22 a un 40% en menores de dos años, y de 90 a 95% en aquellos de nueve años.

“La exposición de dengue aumentó y en los años de lluvia entre el 2005 y el 2006 se detectaron más casos porque el zancudo crece más rápido. En el 2007 que fueron años más secos casi no se dieron, entonces estamos preocupados por los cambios; a veces llueve en Semana Santa y eso es muy raro”, dijo Takaro.