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Cuarenta años han pasado desde el fatídico terremoto que la madrugada del 23 diciembre de 1972 destruyó Managua, matando a casi 20 mil personas.

A cuatro décadas de la tragedia hay sectores que piensan que se ha hecho bastante para minimizar los efectos de otra desgracia, pero la realidad señala otra cosa.

Esa noche de diciembre, el cielo enrojeció y hacía calor. Miles de managuas se fueron a la cama en vísperas de la celebración de la Navidad y a nadie le pasó por la mente que a la mañana siguiente la ciudad estaría en llamas y prácticamente arrasada, por un sismo de 6.2 grados en la escala Richter. 

El ingeniero Armando Ugarte Solís, docente universitario que colabora con el Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres Naturales en América Central, Cepredenac, y miembro de la Mesa Nacional para la Gestión de Riesgo, MNGR, señaló que las condiciones para que ocurra otra tragedia similar aún están latentes.

En el marco de una conferencia de prensa convocada por el Instituto de Geología y Geofísica, la Federación Luterana Mundial y la MNGR, se realizó el conversatorio  “Managua: 40 años después del terremoto de 1972”, donde se especificaron las deficiencias en las construcciones y se formularon recomendaciones para reducir los efectos de un terremoto de similar escala.

“Existen normativas para la construcción, la Alcaldía ha establecido la necesidad de hacer estudios de suelos antes de hacer una edificación. Hay cantidad de edificaciones nuevas y siguen los parámetros de seguridad antisísmica, principalmente en la empresa privada, desde entonces también se ha elaborado una docena de estudios, de creaciones de planes de prevención y evacuación ante posibles emergencias, simulacros y recomendaciones”, dijo el especialista.

Sin embargo, aclaró que Nicaragua es altamente vulnerable a los eventos sísmicos, ya sea por el deslizamiento de las placas tectónicas o por la actividad volcánica y en medio de esto la población de Managua ha crecido de 482,291 en su área metropolitana en 1972, a 1,448,271 pobladores al 30 de junio del presente año. Eso significa un crecimiento del 200% en cuatro décadas. 

Gran crecimiento

Según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo, Inide, antes del terremoto habían 70 mil viviendas, en la actualidad se contabilizan 197,332 viviendas en el área capitalina.

“Recientemente, la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Ingeniería hizo un estudio, visitamos las bloqueras y descubrimos que muchas siguen haciendo bloques sin la compresión adecuada para que logren mayor consistencia. Asimismo, el hierro utilizado pocas veces es el adecuado para el tipo de construcción. Tampoco se están haciendo los estudios de suelo, a la vez que la institución encargada no tiene suficiente personal para hacer las inspecciones de rigor. Eso sin contar que a las construcciones poco se les da mantenimiento”, dijo el ingeniero Ugarte.

Según el estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, titulado “Información para la gestión de riesgo de desastres. Estudio de caso de cinco países: Nicaragua”, indica que las características de las viviendas se usan como indicativas de su vulnerabilidad, tales como el tipo de vivienda y el estado de conservación de los materiales.

“El 90% del total de las viviendas en las zonas urbanas son casas y apartamentos. El 23% de la suma de estos dos tipos de viviendas urbanas se reportan en mal estado de conservación. En cuanto al estado de conservación de los materiales, las viviendas clasificadas como malas se toman como las más vulnerables. El 30% de las viviendas urbanas se consideran en mal estado, mientras en la zona rural esta proporción es del 39%”, dicta el estudio.

Ugarte recomienda la exigencia de los estudios de construcción antes de edificar, la utilización de ingenieros calificados para el diseño, una instancia que no solo supervise el diseño sino también la construcción y la calidad de los materiales de construcción y, finalmente, el buen mantenimiento de las edificaciones.

“Estamos claros de que todo eso es caro, pero las instituciones gubernamentales indicadas deberían dar ese mantenimiento o crear fondos que presten dinero y que la población pueda mantener su casa segura”, dijo el especialista.