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La reparación de los daños a los bosques a nivel centroamericano no es tan acelerada en comparación con el despale.

El estudio regional “El último despale”, hace la relación de una hectárea reforestada por cada quince deforestadas.

Esta es una de las preocupaciones de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques, con participantes de toda la región Centroamericana y de México, quienes se reunieron durante cuatro días en Managua para analizar la situación regional, entre la cual está la pérdida de bosques, el cambio climático y la propiedad indígena.

Levi Sucre, de la Red Indígenas Bribri y Cabecar, Costa Rica, y de la directiva de la Alianza, indicó que la coyuntura los lleva a ponerse frente a sus respectivos gobiernos y a sus políticas con las comunidades indígenas.

Expresó que las comunidades indígenas tienen derecho a la tierra, a la participación, a la consulta y a decidir por sus territorios, sin embargo, no siempre se respeta.

Despale progresivo

“El despale sigue avanzando sobre las 8 millones de hectáreas que son parte de las comunidades locales y pueblos indígenas, que representan el 70% de los bosques de la región, mientras los países industrializados no se comprometen a reducir sus emisiones de gases contaminantes, pero quieren dejar la responsabilidad del cuido del ambiente a los países en vías de desarrollo”, dijo Levi, indicando que no hay marcha atrás y no hay tiempo adelantado, por lo que es hoy cuando hay que sentarse a discutir con los tomadores de decisiones.

Por otra parte, indicó que las zonas indígenas son las de mayor riqueza de la región, pero también las más pobres; no son consideradas como objetos de préstamo y no se les permite el desarrollo, pero sí se permiten concesiones a grandes empresas para la explotación de sus recursos o para la creación de energía limpia con el sacrificio de las comunidades.

Oportuna advertencia

“Una de las cosas por las que luchamos es por la preservación de nuestros territorios, pero también para que se nos permita y se nos facilite que las mismas comunidades puedan explotar sus recursos naturales bajo un régimen de cuido ambiental”, dijo Levi, quien dijo ver con agrado la entrega de títulos de propiedad a los indígenas, pero también espera que los mismos sean respetados.

Por su parte Gustavo Sánchez, Presidente de la Red Mexicana de Organizaciones Campesinas Forestales, también perteneciente a la Alianza, dijo que la propiedad de la tierra es menos precaria que en otros países, y no fácilmente se desplaza a las comunidades, pero si no tienen la información adecuada y los dirigentes o las autoridades se dejan envolver en actos de corrupción, pueden terminar negociando el uso de los territorios para fines aparentemente positivos en materia ambiental, pero esto a costa de los derechos de las gentes.