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Manhattan, Nueva York
Fue algo inusual: venían de Chinandega, de Estelí, hasta una madre que entendía bien por qué estaba ahí, porque su marido pereció en la guerra, en 1984, y yace enterrado en Yalí en una fosa común; vinieron de distintos pueblos de Nicaragua para orar en la Zona Cero, el lugar donde estaban las Torres Gemelas, y en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York.

En la primera jornada de oración los nicaragüenses llegaron adonde estaban los colmillos del enorme tigre de Nueva York, el World Trade Center. Ahora, en aquella dentadura resplandeciente de rascacielos, en medio de las fauces de la abundancia y el lujo, faltaban sus majestuosos caninos.

Su risa perfecta, la gran risa de Manhattan, ya no estaba más que en las postales, en las enciclopedias, en los recuerdos, souvenir, tratados y en el orgullo herido. Y aunque pareciera algo surrealista, también en el corazón de los nicaragüenses que se habían presentado más que armados con cámaras fotográficas, con las armas de sus creencias.

“Exportamos fe”, dijo la doctora Alma Nubia Briones, apenas a unos cuantos metros de donde se produjeron los atentados que partieron la historia de los Estados Unidos de América.

Es líder de una zona en Managua, perteneciente al Ministerio Internacional Ríos de Agua Viva y quiere que el mensaje que ella predica con regularidad en los barrios de la capital, sea comprendido en Estados Unidos.

Los turistas que circulaban en el área, se detenían para ver a aquellos nicaragüenses unidos en oración y clamor, entonando el cántico Te pido perdón.

Eran compatriotas también residentes en diversos Estados de la Unión Americana, como Washington, Florida, Virginia. También asistió la delegación de Costa Rica, presidida por el pastor Walter Talavera. “Yo sé lo que es sufrir”, dijo la doctora Briones. Ella perdió, además a su hijo en una emboscada y ella misma escapó de otras durante la guerra que abatió al país en la década de los 80.

“Entiendo el dolor de ellos, de los familiares que perdieron a sus seres queridos. Estoy aquí para orar por estas familias, venimos a bendecirlos”, dijo, en tanto otros integrantes de la iglesia observaban la zona donde no se pudo entrar en la mañana del lunes por razones de seguridad, y por el movimiento de grúas, palas mecánicas y obreros de la construcción esparcidos en el sector.

País empobrecido que puede dar
El pastor Álvaro Hernández, de Matagalpa, viajó con su esposa Evelyn Orozco para orar por los deudos, por el área y dar aliento a la gente a continuar, que aunque son del Norte de Nicaragua, un país empobrecido, también puede motivar a los ciudadanos de la Gran Manzana. Dios y Jesús pueden dar paz y seguridad, más que el poder del dinero, indicaron.

Evelyn expresó que notaba que los habitantes de la llamada capital del mundo se miraban muy ocupados en sus quehaceres, en el ajetreo de lo que es vivir en uno de los lugares de mayor actividad económica en el mundo.

Los nicas luego se trasladaron a las Naciones Unidas, donde también se congregaron para entonar un himno y alzar sus manos para que Dios iluminara el corazón y las mentes de los gobernantes que ahí pasaran y a sus representantes. El ganadero chinandegano Reynaldo Pérez dijo que estaba ahí porque los tiempos actuales son peligrosos y es necesario decirle a la gente que vuelva su rostro a Dios.

Fue la primera vez que nicaragüenses viajaron a Estados Unidos con la misión de dar testimonio de fe en un acto religioso. Estaban dispuestos a ir mil miembros de la organización, y sólo consiguieron la visa 420.

El presidente del Ministerio Internacional Ríos de Agua viva, Omar Duarte, expresó que a los nicas los ven como que sólo llegan a buscar trabajo o ver qué ayuda pueden conseguir. Ahora venimos a orar, a clamar y a bendecir a la ciudad de Nueva York y a dar un mensaje de aliento y que el Dios que está en Norteamérica es el mismo de Nicaragua.