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Los entendidos en Psicología establecen la existencia de factores de riesgo que inducen a las personas, particularmente a niños y adolescentes a problemas psicopatológicos, pero también existen factores de protección que sirven de escudo para evitar el impacto de los primeros.

Llama la atención que la familia cumple ambos roles, está llamada a ser el principal factor de protección de los hijos, pero paradójicamente en muchas circunstancias representa un factor de riesgo con características de huracán, que arrasa con la autoestima, y arrastra a una serie de conductas dañinas para los niños, la familia y la sociedad.

Si queremos hijos exitosos en todas las áreas de su vida, con conducta adecuada, libres de trastornos psicopatológicos, debemos imponernos la responsabilidad de ser factores de protección; siendo formadores, protectores, guiadores, proveedores de nuestros hijos, esa es la prioridad número uno de todo los padres.

La familia debe ser considerada la escuela primaria para equipar a los hijos con el carácter adecuado, para hacer frente a los desafíos sociales que enfrentarán en su vida. Los conflictos de pareja, las relaciones frigoríficas en el matrimonio, no deben de estar por encima de estas responsabilidades.

Los padres debemos tomar conciencia que la formación en principios y valores, humanos y espirituales, aunada a un trato amoroso y firme, sin groserías ni violencia, son irremplazables. La familia debe ser un núcleo de amor, paz, armonía, tolerancia y comprensión.

La familia debe vivir, crecer y perfeccionarse como un núcleo de personas que se caracterizan por la unión y la indisolubilidad. La familia debiera ser un lugar privilegiado para la realización personal junto a los seres amados.

En la actualidad, todos estos valores y características de una familia cada vez son menos evidentes por diversos factores. La observación y las estadísticas indican que la familia está siendo seriamente golpeada por el mal de la “desintegración”.

La desintegración no respeta raza, religión, color, clase social, clase económica, nacionalidad, preparación académica, etc.

Es muy probable, que el problema siempre haya existido y quizá siempre existirá, lo que llama la atención, es que en la actualidad lo anormal se practica como normal, por lo tanto, no causa ninguna alteración en nuestro modo de vida.

Sin embargo, hay buenas noticias. A los que en algún momento nos fue mal o nos está yendo mal, sea como hijos, como padres, como cónyuges, hoy les decimos que hay una esperanza, es posible enderezar los pasos y empezar a transitar por el camino recto y correcto, y ese camino está marcado por principios, valores y mandatos de Cristo Jesús.

En el Taller del Maestro, nos hemos propuesto contribuir a la restauración y fortalecimiento de la familia. Queremos dar nuestro aporte a la sociedad, a partir de la experiencia personal y familiar.

Somos familias que estuvimos en el filo de la navaja, que somos sobrevivientes de la “desintegración”, y a partir de que establecimos una relación personal con Cristo Jesús, nuestras vidas y nuestras familias han experimentado un proceso de transformación que nos ha llevado poco a poco a superar escollos, quizá no somos lo mejor, pero si algo debemos decir, es que cada día nos esforzamos por mejorar como hijos, cónyuges, padres, ciudadanos, que el día anterior.

Queremos conocer sus comentarios, opinión y sugerencias acerca de estos temas, les invitamos a escribirnos al correo: crecetdm@gmail.com.