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Durante 18 años, una cooperativa al sur de Jinotepe se convirtió en una verdadera “fábrica” de árboles. 23 millones de plantas que si al menos, el 10 por ciento de esa cantidad hubiera enraizado, otros vientos soplarían.

El ingeniero René Detrinidad, sin embargo, subraya que la visión cortoplacista de las cosas, no logra aprovechar todo el potencial en los planes de reforestación, porque tanto los pequeños y los medianos productores, como las plantas, quedan a la deriva.

Contra esa realidad, se dibuja otra más próspera en el escenario: los grandes empresarios que cuentan con toda la logística y planes forestales prácticamente destinados para ellos.

Detrinidad, que preside la Cooperativa Agropecuaria “Humberto Tapia Barquero”, expresa que con todo y las limitaciones ahí han producido muchos viveros de plantas forestales como jenízaro, madero negro, caoba, pochote, cedro, roble…

La verdad, es que muchos de los proyectos forestales implementados han sido en parte apoyados por el BID y otras instituciones como el Posaf, como ocurrió con la reforestación de la cuenca del río Grande, en Carazo, señaló.

“El problema es que los que diseñan las políticas de estos proyectos parece que desconocen la realidad, porque los programan a un corto plazo, como si la actividad de reforestación está vinculada a una actividad cortoplacista, cuando lo lógico es pensar al menos en el mediano plazo”.

El Programa Socio Ambiental y Desarrollo Forestal (Posaf), indicó, “fue de año y medio a dos. Esa es la vida de los proyectos, entonces a los agricultores se les donan las plantas, las siembran y hasta ahí llegó: se acabó la ayuda, se acabó la plantación”. El anunciado bosque queda en eso: en anuncio.

Ejemplo noruego


Si se pensara de una manera de largo plazo, creo que la situación sería diferente. Es sabido que hay países desarrollados como Noruega, donde hay conciencia en las generaciones de agricultores de que una plantación de las especies maderables propias de su tierra, debe esperar 40 años para poder aprovecharla.

“En los intercambios que hemos tenido con ellos, no entienden por qué la pobreza de Nicaragua, si aquí se puede producir los 12 meses del año. Ellos están limitados a cuatro meses, y durante ese breve tiempo deben hacer todas sus cosas. ¿Por qué aquí no se pueden desarrollar más acciones? Aquí, en la ventana del trópico, podemos tener madera en 15 años”.

Reforestación elitista

Aun así, si se vieran proyectos de largo plazo sería muy diferente. Sabemos que las reforestaciones se vienen haciendo, pero muy elitistas, precisó.

”Hay grandes empresas que entran al país y compran tierras para sembrar forestales, porque tienen los vínculos con los compradores de madera. Alguien que quiera exportar madera, tiene que estar certificado para ser comprada por los países consumidores. A un pequeño agricultor como nosotros se le dificulta, incluso desconoce esa medida”.

“Me parece que no hay una articulación entre los esfuerzos productivos con los esfuerzos del mercado, y que ayude a obtener mejores ingresos y contribuir a mejorar el medioambiente”.

La gran falla de Conarca

¿Hay una deuda pendiente de la administración actual del FSLN para compensar la deforestación en Carazo en los años 80?

Pienso que sí, el programa Conarca (Comisión Nacional de Renovación de Cafetales) no llegó a dar los resultados esperados. Hay que dejar claro: Conarca ha sido muy criticado por un buen sector de organizaciones y productores cafetaleros, que estuvieron adversos al gobierno de esos años, porque nace como respuesta al problema de la roya en 1976.

Cuando el programa se echó a andar, se descubrió que la roya estaba regada a nivel nacional. Más que un problema técnico, nace como una respuesta económica, renovar los cafetales para mejorar la productividad, y con ese mejor rendimiento tener mejores ingresos y poder controlar la roya, con la que los cafetales tradicionales difícilmente podrían haber sobrevivido.

Lo que no se previó

No se previeron muchos aspectos, incluso de la capacidad administrativa que tenían los productores. Hubo buen grupo de estos productores cafetaleros que no tenía ni equipos para aspersiones, ni tecnología, ni asistencia técnica. Pasó lo que le pasó a muchos agricultores pequeños, que les cambiaron su pequeña vaquita chapiolla por una Holstein lechera, pero esa vaca necesitaba desparasitantes y vitaminas.

La vaca se murió, y con Conarca pasó algo parecido. Se les cambiaron los cafetales viejos a los productores y se les entregó los renovados, sin embargo, ellos no pudieron darles mantenimiento, y más aún con las dificultades económicas derivadas de la guerra.

Hay una deuda que hay que ver cómo se paga. Aquí hay capacidad, hay técnicos y viveristas suficientes que pueden contribuir a recuperar la caficultura.

El ejemplo de Mr. Vaungh

De que pueden cosecharse también los éxitos, René Detrinidad está convencido. “Últimamente se ha visto que se reactivan los cafetales (que fueron) del señor Arturo Vaungh. Fueron renovados por Conarca, pero por una serie de dificultades no se pudo atender. Se vio como que desaparecieron los cafetales, pero con un simple recepo o poda a esos cafetos, cuando lo asumió la nueva compañía que los compró, hoy se aprecian los cultivos. En esta temporada van a dar su cosecha. Quiere decir que se están restaurando las condiciones económicas y medioambientales de esas plantaciones”.

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