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Antes de llegar a Sabana Grande, doblando en una esquina hacia la izquierda, tras subir y bajar cuestas polvosas, se llega al corazón de Laureles Sur; y justo allí se encuentra materializado el sueño de la española Rosa Capella, una anciana con energías de adolescente, que con ayuda nacional y extranjera ha llevado educación y esperanzas a esa zona rural de la capital.

El sueño de la española tiene nombre: Centro de Atención y Formación Profesional de los Niños de la Calle; o simplemente Proyecto Nitca. Fue fundado en 1999 con el propósito de erradicar el trabajo infantil. Hoy posee una biblioteca, una escuela, una panadería, proyectos de reforzamiento escolar y un preescolar.

Sin embargo, la crisis mundial ha llegado hasta ese recóndito lugar de Managua. Muchas de las personas que financiaban varios de los proyectos, entre ellos el estadounidense Alan Feinstein, han retirado la ayuda, y no hay presupuesto para mantener la biblioteca, los programas de música, costura y teatro.

Rincón de cuentos

Ajena a esta realidad, Idania Pavón, una niña de 14 años, promotora de la biblioteca, lee cuentos a otros pequeños que acuden a este recinto antes y después de salir de clases.

“‘No te rías, Pepe’ es el cuento que más me gusta. Se trata de un niño al que le gustaba tanto reírse, que la mamá zarigüeya le intentaba enseñar a hacerse el muerto frente a un oso, hasta que un día llegó un oso… y se hizo el muerto”, relata Idania, una chavala morenita con el cabello recogido en una cola alta.

Los 350 libros del Rincón de Cuentos fueron donados por el fallecido Eduardo Báez, de la Fundación Libros para Niños. Igual que la biblioteca, el sitio donde está construida la escuela fue donado por la Alcaldía de Managua durante la administración de Dionisio Marenco. El preescolar cuenta con ayuda del Ministerio de Educación y de la American Nicaraguan Foundation. La panadería fue construida con financiamiento de donantes ingleses y estadounidenses. La cooperación de la Iglesia Metodista de Nueva Inglaterra ha sido vital.

Pese a eso y a las inmensas energías que aún tiene Rosa Capella, quien ya roza los 80 años, un grito de auxilio se escucha desde Laureles Sur. “Lo importante es llegar a la sostenibilidad, que las madres se empoderen, pero ahora estamos agobiados por falta de presupuesto. A la directora le hemos reducido el sueldo a la mitad y le hemos dicho que trabaje la mitad, pero aquí hay trabajo para todo el día”, lamenta Capella.

El proyecto de teatro, actualmente sin presupuesto, cuenta con 25 jóvenes; 40 adolescentes y niños han sido capacitados. “Tenemos un grupo de títeres y están aprendiendo técnicas de manipulación de títeres en televisión. Además, vamos a celebrar el tercer festival de literatura en la comunidad”, cuenta Jenny Brenes, a cargo de dichos programas.

Más de 60 adolescentes acuden a las instalaciones de Nitca en la mañana y durante la clase, buscando ayuda para hacer las tareas. La tutoría es gratuita.