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En estas últimas semanas hemos estado dedicando la columna a los 43 años de matrimonio que estamos cumpliendo. Reflexionando acerca de esto, nos preguntábamos por qué escribir de un tema que para algunos puede parecer de carácter privado. La respuesta a la reflexión es: porque queremos transmitir que es posible lograr el sueño que la mayoría de las personas tienen cuando contraen matrimonio, vivir momentos de felicidad y construir un proyecto de vida en unidad familiar a lo largo de los años.

Hay quienes nos dicen “qué aguante”, como queriendo significar que durante todos estos años nos hemos caracterizado por soportarnos el uno al otro, o por acomodarnos a la rutina, que se supone, impone la relación de pareja.

La verdad es que, ni nos hemos soportado ni nos hemos adaptado. Durante los últimos 10 años de relación matrimonial, hemos puesto en práctica actitudes y comportamientos que impiden que nos atrape la rutina; y antes de este período, experimentamos cualquier cantidad de conflictos, y en algunos casos separaciones.

El primer conflicto de cierta importancia se produjo a los 18 meses de casados, ello representó una ruptura en la relación, que indiscutiblemente marcó un antes y un después de la misma.

Antes del conflicto, la relación se caracterizaba por el trato afable, amoroso, respetuoso; después, el trato se transformó en áspero, grosero, irrespetuoso, intolerante, egoísta, hiriente, agresivo.

Antes del conflicto, Raúl destacaba por ser un hombre de hogar, después del mismo se ausentaba del hogar frecuentemente; ausencias para las que Velia no estaba preparada, ello llevó a recriminaciones y reclamos de ella hacia él, hasta que Raúl argumentando hostigamiento y hastío, abandonó el hogar. Esta primera separación duró aproximadamente 5 meses.

La gran pregunta que nos hacíamos era: ¿Qué pasó?; ¿por qué, si nos habíamos jurado amor y que estaríamos juntos en las duras y las maduras, ahora actuábamos como enemigos?, ¿por qué nos esmerábamos en herirnos mutuamente?

Nos habíamos casado con la expectativa de que la pareja nos conduciría a ese estado de felicidad tan ansiado; además de creer que si el cónyuge actúa y responde a lo esperado por el otro, entonces la escogencia de pareja fue la correcta, de lo contrario, fue equivocada.

Ambos gastábamos tiempo, energías etc., en recriminaciones y discusiones que al final del día, si un rédito tenían, este era negativo; nuevas heridas y profundización de las ya existentes.

Durante muchos años intentamos resolver nuestros problemas recurriendo a especialistas en la materia, o a amistades, etc. Por lo general privilegiábamos la búsqueda de culpables, ninguno estaba dispuesto a aceptar su cuota de responsabilidad y disponerse a enmendar errores y reiniciar el camino con una nueva actitud.

Esta situación duró hasta que Jesús tocó a la puerta del corazón de Raúl, y este agotado, sin fuerzas y desgastado de tantos años de conflicto, respondió al llamado, removió los obstáculos y permitió que Jesús conforme a su voluntad, iniciara un proceso de restauración y renovación en su corazón.

Hoy te decimos, querido amigo, querida amiga, si estas enfrentando situaciones difíciles en tu relación de pareja, si hay momentos en que pensás que ya no hay nada que hacer, si te sentís agotada(o) de tantos problemas en tu relación, si te sentís frustrado(a) porque lo que estás viviendo no es lo que esperabas, queremos decirte que hay una esperanza, la solución está en Jesús. Te invitamos a recibirlo en tu corazón, díganle: Jesús mío yo le acepto como mi Salvador, le entrego mi relación de pareja, y le pido que sea Usted dándome un matrimonio estable, en paz y armonía.

Queremos saber más de ustedes. Les invitamos a escribirnos al mail crecetdm@gmail.com