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El inicio de este nuevo año representa un momento propicio para insistir en la necesidad de disponernos y decidirnos a realizar cambios y establecer propósitos y metas, a nivel familiar y personal. Albert Einstein decía: “No pretendamos que las cosas (la calidad de vida, la economía, etc...) cambien y mejoren, si continuamos haciendo lo mismo que hemos hecho en el pasado”. La palabra clave es cambio.

Nosotros aplicamos y nos ha funcionado, un modelo de ciclo de comportamiento, que se compone de cuatro etapas: mentalidad, actitudes, acciones, resultados.

Este ciclo del comportamiento tiene sustento bíblico, el cual se encuentra en Romanos 12:2: “No se adapten a las cosas de este siglo (de este mundo), transfórmense, mediante la renovación de su entendimiento, para que conozcan la perfecta y agradable voluntad de Dios para sus vidas. Lo que nos dice esta palabra poderosa de Dios es que renovemos mentalidad, creencias, formas de pensar y entonces experimentaremos cambios o transformaciones importantes en nuestras vidas, que nos llevarán a experimentar el propósito que Dios tiene para nosotros, nuestras familias, que es prosperidad. “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”. 3ra. Juan 1:2

Nuestra alma prospera cuando renovamos nuestros pensamientos, en tanto, la mentalidad, los pensamientos, las creencias se encuentran en ella. Por esto es importante que para que se cumpla el deseo que todos repetimos en estas fechas ¡Próspero Año Nuevo!, es condición que renovemos el entendimiento, es decir, que prospere nuestra alma.

La prosperidad del alma consiste en sustituir creencias erróneas por correctas, estas últimas se componen de preceptos, mandatos y leyes establecidas en la palabra de Dios.

Un cambio que debiéramos realizar a lo inmediato, podría ser sustituir impaciencia por paciencia. La impaciencia es causa de una serie de problemas psicológicos con consecuencias biológicas. Esta genera ansiedad, angustia, estrés, impide disfrutar la vida diaria, conduce a comportamientos caprichosos, irascibilidad, etc... La paciencia, por el contrario, proporciona tranquilidad, sosiego, paz interior, alegría, ojos para ver virtudes y no defectos en los demás, tiempo y condiciones para ver las bellezas que nos rodean, etc…

Otro tema que debiera ser atendido es el referido a felicidad e infelicidad. Cantidad de personas, en algún momento manifiestan infelicidad en sus vidas. Por lo general, asocian felicidad a aspectos materiales o encadenan la posibilidad de ser felices a lo que hacen o no hacen otras personas, por lo general pertenecientes al núcleo familiar, particularmente a la pareja. Sin embargo, se debiera interiorizar y apropiarse de creencias correctas acerca de la felicidad, tales como: la felicidad no consiste en tener dinero o cosas materiales; la felicidad no depende de otras personas, ser feliz está en nosotros y no en los demás. La felicidad es un camino, se vive día a día. Ser feliz es darle gracias a Dios por la resurrección que experimentamos cada día cuando despertamos, es saber que hay personas que nos necesitan y nos aman; ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y periodos de crisis.

Amiga, amigo, la prosperidad es un propósito de Dios para tu vida y para la nuestra, que se hace realidad en la medida que hacemos la parte que nos corresponde con fidelidad. A veces duele efectuar cambios de comportamientos quizá de muchos años, pero vale la pena pagar el precio para ser próspero.

Amiga, amigo, invite a Jesús a su vida, para Él no hay imposibles, pídale que le dé fortaleza y sabiduría para iniciar este proceso de cambio que indefectiblemente le llevará a la prosperidad. Dígale, Jesús mío, yo le acepto como mi salvador y como mi Señor, moldee mi vida para alcanzar la prosperidad que usted quiere darme.

El Taller del Maestro está a su disposición. Les invitamos a escribirnos al mail crecetdm@gmail.com.