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Ligia Desirée Pentzke, 55 años, no es la típica persona observadora, no ve a los ojos directamente. Enfoca su mirada en los dientes, algo que podría considerarse un hábito o una manía que bien puede disculpársele, pues es dentista.

Esa, una costumbre típica en los dentistas, parece acentuada en ella. "¿Y no le sangran las encías?", "¿seguro que no tiene alguna enfermedad periodontal?, porque son muy comunes… las estadísticas dicen que ocho de cada", insiste.

A la entrevista le antecede una cátedra sobre los estragos que causan las dolencias periodontales. Una especie de ABC sobre la mala higiene bucal, ilustrada con gráficos, dientes llenos de sarro y un sinfín de imágenes que asquean, pero que ella muestra en su tableta como si estuviese dando clase a un grupo de atentos estudiantes de Odontología.

Mientras observa la tableta y explica los detalles, ve con disimulo los dientes de su interlocutor. "Tengo muy buena higiene bucal, incluso, también una fijación con los dientes", confiesa su interlocutor. La doctora responde con una enorme sonrisa de complicidad y cuenta detalles de su oficio.

"Hay que educar a la gente"

“Yo les digo a mis pacientes cuando tienen mal aliento, porque también se trata de educar a la gente, y es mi obligación enseñarles”.

La doctora Pentzke no se anda por las ramas. Habla claro, aunque a veces bajito, ya que hay cosas que deben comentarse con mesura.

Inició sus estudios de Odontología en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León), atraída y admirada porque ese era el oficio de una de sus parientes, la tía Ligia, quien tenía muchos pacientes de su natal León y en Managua.

Esa tía --mi tiíta, dice-- fue el ejemplo de candor y paciencia que tuvieron la doctora, sus hermanos y primos. Cuando Ligia Desirée egresó de la UNAN-León, sus padres la enviaron a realizar estudios de periodoncia a Monterrey, México. Entonces ya tenía una bebé, fruto de su primer matrimonio.

Cuando regresó a Nicaragua, poco antes del triunfo de la Revolución Sandinista, puso una clínica en León, pero los clientes los consiguió en Managua, en la clínica de su tía Ligia, donde trabajaba cada sábado. Ella también le consiguió pacientes en León. Luego decidió radicar definitivamente en Managua, ciudad en la que ha hecho carrera y es reconocida debido a que ha laborado como docente en la Universidad Americana (UAM).

“Siempre quise ser dentista, desde muy jovencita me gustó mucho esa idea, no sé, creo que influyó en mi una tía dentista que tenía, a quien quiero mucho”, recuerda.

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El consultorio tiene uno que otro libro mal puesto, pero está pintado con un blanco impecable que da un aire de orden. No se escuchan turbinas ni pacientes escupiendo, pero el blanco da la sensación de hospital. O de lo que es, un consultorio adonde los pacientes llegan temerosos, con dolor de muelas, pretendiendo salir con los dientes relucientes o sin malestar en las encías.

El toque de humor lo pone un letrero ubicado en una pared del pasillo que da al consultorio y a la oficina de la doctora Pentzke. “Si no queda conforme, le devolvemos la muela”, dice, y está ilustrado con una imagen de un paciente y un dentista parecidos a dos de Los Tres Chiflados.

Ligia Desirée Pentzke sonríe con facilidad. Es siempre coqueta y no se molesta en ocultarlo. En algún momento pensó en dejar las clases en la Universidad Americana, UAM, que hace poco la condecoró por más de 15 años de docencia, porque los horarios no coincidían con su tiempo libre, y chocaban con las horas que le dedica a los ejercicios. Pero luego reflexionó y decidió compartir ambas pasiones.

La doctora Pentzke está en la guía de profesionales que la Embajada de Estados Unidos en Managua ofrece a sus ciudadanos.

Pese a los bemoles, considera que su vida ha estado llena de éxitos. “Siento que mi éxito fue total. El secreto es no decirle no a nada”.

Deseo no realizado

“Pero tengo un deseo, es un deseo no realizado. Desde que regresé de hacer mi postgrado quise hacer un Centro de Periodoncia. Hasta tenía en mente su nombre; soñé con Centro Nicaragüense de Periodoncia, pero no ha sido posible hasta el momento. A mí me gusta mucho el trabajo en equipo”.

Y es que cuando llegó a Monterrey, a cursar la especialidad, pensó en hacer la especialidad de endodoncia. “Quería ser endodoncista; los endodoncistas son los especialistas que se encargan del nervio de los dientes. Sin embargo, al momento de seleccionar la especialidad en la Universidad de Nuevo de León, en Monterrey, no hubo cupo para la misma y la persona que me hizo el trámite en ese momento solo me dio la alternativa de hacer periodoncia u odontología infantil. Me dieron pocos minutos para tomar la decisión, así que fue una decisión difícil, pero dichosamente no me equivoqué. Creo que ese hecho es lo que más ha marcado mi vida, entre otras cosas que son un poco más personales”.

¿Qué es la periodoncia?

Es la especialidad odontológica que trata de la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades y condiciones que afectan los tejidos que dan soporte a los órganos dentarios

Dos décadas enseñando

Recientemente fue condecorada por la Universidad Americana por sus 19 años de docencia. Cuando regresó a Nicaragua, poco antes del triunfo de la Revolución Sandinista, puso una clínica en León, pero los clientes los consiguió en Managua, en la clínica de su tía Ligia, donde trabajaba cada sábado. Ella también le consiguió pacientes en León. Luego decidió radicar definitivamente en Managua.

Detalle humorístico

Un letrero le pone humor a su consultorio: “Si no queda conforme, le devolvemos la muela”.