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El inicio de una nueva temporada representa un momento adecuado para evaluar los resultados alcanzados en la temporada anterior, establecer lo que funcionó y lo que no salió bien, y disponerse a efectuar los cambios necesarios para mejorar.

Hoy quisiéramos referirnos a lo que no funcionó y particularmente a nuestra actitud ante estas situaciones. La experiencia nos enseña que cuando se trata de analizar causas por las cuales está fallando algo, o no se logra una meta, hay una tendencia a declararnos libres de culpa, y señalar a otras personas como las responsables de lo que sale mal.

Hay una tendencia marcada a evadir responsabilidades con lo que no nos favorece y a endosar dichas responsabilidades a los demás, este comportamiento pareciera tener raíces profundas en los comportamientos de las personas: alumnos que salen mal en sus clases argumentan como causa no ser del agrado del docente; esposas que se quejan que el dinero no alcanza para cubrir las necesidades del hogar, argumentan que el esposo no provee lo suficiente, mientras este contraargumenta que ella despilfarra; personas que participan en concursos o elecciones, cuando pierden le echan la culpa a los jurados o a las instancias encargadas de velar por los procedimientos y conteos de votos; gobernantes que se someten al arbitrio de tribunales internacionales en litigios territoriales o de otra índole, si el fallo no les favorece argumentan que el árbitro se equivocó, en fin, los ejemplos son interminables.

Solo observe a las personas a su alrededor o a usted mismo y verá con claridad a lo que nos estamos refiriendo.

Pareciera que este comportamiento es inherente al género humano y se remonta a los inicios del mismo. Dice la Biblia que cuando Dios pidió cuentas a Adán por haberle desobedecido comiendo del fruto prohibido, la respuesta fue: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”. Génesis 3:12. Adán evadió la responsabilidad de sus actos, culpó a la mujer por inducirle a comer el fruto y a Dios por haberle dado esa mujer. Amiga, amigo, no hay que avergonzarse si hasta hoy ha practicado este comportamiento, por el contrario, lo importante es aceptar que ha formado parte de su práctica diaria y disponerse a asumir un compromiso firme de cambio, sustituir la actitud que nos induce a evadir responsabilidad con nuestros actos, por una que nos conduzca a asumir compromisos con las consecuencias de lo que hacemos.

Jesús nos da la clave para reescribir este comportamiento, nos dice: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” Mateo 7:3

Amiga, amigo, de aquí en adelante y con miras a esta nueva temporada representada por el año que inicia, cada vez que algo no salga bien a nivel personal, en la actividad laboral, en las finanzas, en la familia, en los estudios, en cualquier área y actividad que usted se desenvuelva, conscientemente enfoque su análisis en lo que a usted le corresponde, vea la viga en su ojo, si lo hizo bien o no, y hasta después vea la paja en el ojo de los demás.

Amiga, amigo, el cambio comienza en usted, a veces es doloroso, pero tomado de la mano de Jesús es posible, invítelo a entrar en su corazón, dígale: Jesús mío, yo abro mi corazón para que usted more en él, le pido que me dé fortaleza y sabiduría para llevar a cabo estos cambios en mi comportamiento, quiero ser factor de unidad, de paz y de armonía.

 

El Taller del Maestro está a su disposición. Les invitamos a escribirnos al mail crecetdm@gmail.com.