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No cabía una persona más. Un mar de gente inundaba la Basílica Menor de San Sebastián. Diriamba y sus visitantes querían ser testigos de la salida del patrón San Sebastián. Muchos esperaban el paso de la imagen con los ojos humedecidos por la emoción que les provocaba el derroche de devoción y agitaban sus pañuelos para saludarlo.

Mientras las campanas clamaban libremente al viento y la pólvora con su estruendo les hacía competencia, inició el derroche cultural en esta ciudad situada a 45 kilómetros de Managua, una de las pocas con una tradición cultural vasta que la convierte en la cuna de genuinas joyas folclóricas, en las que el sustrato indígena está debidamente marcado en cada expresión artística motivada por la devoción a un santo mártir de la Iglesia Católica que representa la herencia de la Conquista española.

Al son de las marimbas entraron las inditas con sus blancas faldas volantes, adornadas con trencillas y su huipil del mismo color. Iniciaron a bailar en la puerta de la iglesia, haciendo gala de su humilde pero colorido traje.

Luego, los tristes acordes del violín acompañados por un pito y una guitarra anuncian que El Güegüense hará su entrada. Con máscaras de mestizos, españoles y machos, los integrantes de la danza empezaron a marcar el típico balanceo del cuerpo apoyado en sus rodillas semiflexionadas, haciendo dos enviones por cada pierna. Al unísono, sus manos agitaban los chischiles metálicos en forma de rombo, para imprimirle dinamismo a la escena.

A la cabeza, El Güegüense, cargando una pequeña caja de madera en sus manos que simboliza sus tesoros, va acompañado de sus hijos Don Forsico y Don Ambrosio. Atrás una jovencita vestida de reina imita el paso de los demás bailantes que van a su alrededor, entre los que sobresale un quejido lastimero emitido por los machos. Cabe destacar que ellos no son actores callejeros que representan en las fiestas la comedia bailete, pues aunque hacen esfuerzos por recitar algunos parlamentos, la verdadera esencia de este Güegüense de San Sebastián es el matiz religioso, pues la mayoría de bailantes participan para pagar al santo por favores recibidos.

El Toro Huaco

El altivo plumaje de pavo real fundido en un sombrero con flores y flecos hace que el Toro Huaco sea todo un espectáculo. Los bailantes van con el rostro cubierto por máscaras, coloridas capas en la espalda, cueras en las piernas, un chischil en las manos y coreografías definidas, en este baile que es uno de los máximos orgullos de la zona. Sus integrantes se desplazan en forma curvilínea que imita el movimiento de una serpiente, se dice que en analogía con Quetzalcóatl.

Al igual que en El Güegüense, sus integrantes también bailan por un motivo de fe. Como el niño José Emilio Molina Maradiaga, a quien su familia lo saca en el baile desde que tenía nueve meses con el fin de pagar una promesa.

Baile de Húngaras

El Baile de Húngaras o de gitanos también está presente en este jolgorio, gracias al rescate que de él hizo un comité integrado por las profesoras Fátima Martínez y Martha Solís, que originalmente contaron con la dirección del profesor Heriberto Mercado, y que ahora trabajan con el maestro Luis González Ortiz.

La profesora Martínez dijo que la indumentaria del varón es una camisa de un solo color, un sombrero estilo cordobés, llevan una tajona, una cazuela en la parte de la espalda, una balanza y un poncho bordado, todos estos accesorios los usan porque los húngaros se cree vinieron a los cortes de café al lado de Matagalpa y Jinotega donde habían ríos y se dedicaban a buscar pepitas de oro, la tajona porque eran nómadas y viajaban en carretas, acampaban en cualquier lugar donde les cogiera la noche.

Las mujeres llevan falda y blusa floreadas recogidas, pero medio acampanadas, con vuelos; la blusa es casi tallada al cuerpo, lleva vuelo en la parte de arriba donde se adorna con monedas, una punta en la cabeza con monedas y un delantal con monedas y bordado con flores de colores chillantes. En las afueras de las ciudades ellas “sacaban” la suerte, y bailaban por las noches.

La profesora Martínez explicó que quizás sea el último año que esté en escena la Danza de Húngaras, debido a la falta de apoyo financiero, pues en años anteriores tanto el Instituto Nicaragüense de Turismo como la Alcaldía de Diriamba aportaron. Sin embargo, este 2013 brillaron por su ausencia, y es una realidad que representa gasto sostener un baile de estos.