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“Antes de que a los pobladores se nos beneficiara con la instalación del pozo de agua potable, bebíamos agua del río que está cerca de la comunidad, el cual está totalmente contaminado, producto de la basura y aguas negras que tiran otras comunidades. Cuando la ingeríamos padecíamos de enfermedades del estómago, de diarrea y de neumonía. A la ropa se le impregnaba un olor a charca y agarraba un color verdusco por la suciedad, pero ni modo, no teníamos agua y eso era lo único que podíamos hacer”, dice Leonel Rostrán Chavarría, poblador de la comunidad “19 de Julio”, en el departamento de Matagalpa.

Comentarios tan tristes como estos se escuchaban de las 152 familias --entre las cuales hay 265 niños-- de la comunidad “19 de Julio”, en Matagalpa, cuando recordaban los diez años que vivieron sin agua potable, una necesidad --aseguraban-- que era un castigo cruel con el que tenían que convivir hasta que alguien los ayudara.

La comunidad se fundó en 2002, cuando la alcaldía compró las tierras que funcionaban como una finca, y las legalizó para fundar el asentamiento, el problema del lugar radicaba en que al estar alejado de la cabecera departamental de Matagalpa no podían optar por el beneficio de tener acueductos ni tubos de aguas negras.

Debido a este grave problema, la comunidad tuvo que convivir con la necesidad del vital líquido, y pasar por innumerables necesidades y enfermedades, producidas estas por la falta de higiene que propiciaba la carencia de agua.

Johana García, coordinadora de la comunidad, dijo que en el lugar había un pozo, y para sacar agua tenían instalada una rueda con un mecate, todos los días tenían que levantarse a las 2 de la madrugada para agarrar los siete baldes de agua que le correspondían a cada familia, y con los que tenían que bañarse y cocinar, y guardar para beber.

“Ir a sacar agua a ese pozo era un martirio, porque si uno no llegaba temprano tenía que esperar a los demás, y a veces se hacía tarde y algunos se tenían que ir sin bañar a sus trabajos, además, el lugar se mantenía lodoso y la misma agua sucia entraba al pozo nuevamente. En el lodo teníamos que convivir con las babosas y con otros animales”, recordó García.

Manifestó que era una imagen común ver a un niño cargando baldes de agua, o verlos sucios y sin ropa porque no había con qué bañarlos y lavarles “sus trapitos”, además, vivían enfermos producto de la falta de higiene en los hogares donde no se podía lavar los trastes o limpiar la casa.

Momento del cambio

Según pobladores, las súplicas que hacían para obtener agua de calidad fueron escuchadas, ya que a través del Programa de Agua y Saneamiento, Aguasan, impulsado por la Cooperación Suiza en América Central, que también contó con la colaboración de la Alcaldía de Matagalpa, lograron construir un pozo de agua potable con una capacidad para almacenar 9,300 galones de agua, e instalaron en todas las viviendas el servicio de agua domiciliar con sus respectivas cajas registradoras.

El proyecto promovido por la Cooperación Suiza en América Central, comenzó hace un año, y nació con el propósito de realizar acueductos rurales, los cuales darán facilidades a los comunitarios de los asentamientos más pobres del país, además, con este tipo de proyectos se solucionan ciertos problemas de carácter social.

Alfonso Flores, especialista en comunicación del Programa Agua y Saneamiento, Aguasan, dijo que esta iniciativa es una forma de ayudar a personas de escasos recursos económicos de las comunidades del país, además, que este tipo de proyecto ayuda a combatir las enfermedades generadas por la falta de higiene en las viviendas que carecen de agua potable.

Educando a la comunidad

Flores explicó que el proyecto de agua potable se llevó a cabo con la metodología de Familias, Escuelas y Comunidades Saludables, Fecsa, la cual es un proceso participativo con los pobladores, y consiste en seleccionar promotores de la misma comunidad, elegidos por consenso, quienes posteriormente visitan casa por casa de manera periódica a las personas y les imparten

charlas.

La metodología Fecsa está enfocada en cambiar los malos hábitos de las personas, e incide principalmente en la higiene personal, limpieza de la vivienda y de los alimentos, uso y manejo del agua, mantenimiento de las letrinas, selección de la basura etc.

“Se aspira a que con este tipo de metodologías y con la inversión en agua y saneamiento, se pueda incidir en un cambio positivo en las comunidades con respecto a los hábitos de higiene, ya que corrigiendo estos puntos las personas no pertenecerán al mismo círculo vicioso de las enfermedades, suciedad y pobreza”, dijo el especialista en comunicación.

 

Correteando a la pipa

“Le pagábamos 25 pesos por un barril de agua a un hombre que venía con una pipa, teníamos que andar corriendo buscando su número para que llegara, era algo cómico”, dijeron pobladores locales.

 

Cifras

884 millones de personas en el mundo carecen de acceso seguro al agua potable. 2,600 millones necesitan de acceso a un saneamiento básico, lo que supone el 40% de la población mundial.
Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, son necesarios entre 50 y 100 litros de agua por persona al día para garantizar que se cubren las necesidades básicas y que no surjan grandes amenazas para la salud.
La mayoría de las personas que se considera carecen de acceso seguro al agua utilizan alrededor de cinco litros al día, una décima parte de la media diaria utilizada al tirar de la cisterna del retrete en los países ricos.