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En una semana, las autoridades chinas han pasado de reconocer que en el país había 6.000 bebés afectados por tomar leche contaminada con melamina (una resina artificial que daña los riñones) a admitir que en el país hay 53,000 niños enfermos, 13,000 que han tenido que ser hospitalizados y otros 40,000 intoxicados.

Hasta la fecha, ha habido cuatro muertes. La crisis ha supuesto la destitución del director del organismo encargado de garantizar la calidad de los alimentos, Li Changjiang. Pero el alcance de la adulteración, en la que están involucradas las mayores empresas lácteas del país, ha puesto en jaque las medidas adoptadas por el Gobierno, que sólo le ha dado publicidad ahora, cuando la empresa Sanlu, la principal implicada ya sabía el 1 de agosto (una semana antes de que comenzaran los Juegos), que había productores que añadían melamina a la leche.

Las sospechas han sido formuladas por el periódico Southern Weekend, y recogidas por el China Digital Times. Este último sugiere que el retraso se debe al punto octavo de la Directiva sobre Información Olímpica del Departamento de Propaganda, que dice que “todos los temas de seguridad alimentaria, como la posibilidad de que el agua mineral cause cáncer, están prohibidos”.

La primera acusación la hizo un periodista en su blog, pero la censura la ha eliminado. Por otro lado, la multinacional Nestlé ha admitido que ha retirado de Hong Kong productos con melamina, aunque ha añadido que la concentración del contaminante “no comportan riesgo alguno para la salud de los consumidores” y es 25 veces inferior al máximo permitido por la UE.

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