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De pequeña, Yilni Medrano viajó en el lomo de un caballo o cargada por su hermano hasta la única escuela donde fue aceptada, a unos cinco kilómetros de su vivienda. Nació con discapacidad motora, y en las escuelas cercanas no era aceptada. Nadie se declaraba competente para educarla. Hoy tiene 15 años y está a punto de bachillerarse.

Su padre, Mario Medrano, cuenta con orgullo los esfuerzos que su familia realizó para superar los obstáculos y lograr que Yilni, una chavala achinada, pequeña y morena, pudiera insertarse en la sociedad.

“Fue un gran sueño, las profesoras decían que mi hija no iba a aprender. Ahora ella tiene más movimiento en sus manos y hace toda clase de oficios. Me siento tranquilo porque la lucha no ha sido en vano, mi hija ha logrado un lugar en esta sociedad”, comenta.

Más de 3 mil estudiaron el año pasado

Originaria de la comarca Román Esteban, en Jinotepe, Yilni es parte de los 3,400 niños y jóvenes miembros de Los Pipitos, que lograron estudiar el año pasado en escuelas públicas, principalmente, como parte de un programa de educación inclusiva.

Sin embargo, hay mucho camino aún por recorrer. Gracias al trabajo de sensibilización han disminuido los casos de discriminación hacia niños y niñas con discapacidad, en los centros educativos regulares, pero en algunas personas, adultas y menores de edad, persiste el rechazo hacia quienes consideran diferentes, explicó Gilda Ramírez, miembro de la directiva de padres de familia de Los Pipitos.

Ironías

“Hemos tenido casos donde un grupo de madres de familia se reúnen para pedir que saquen del colegio a una niña con síndrome de Down, porque aseguran que sus hijos están aprendiendo ‘malos hábitos’”, indicó Ramírez.

De acuerdo con información disponible en el sitio web del Ministerio de Educación, Mined, a nivel nacional existen 26 Escuelas de Educación Especial, y hay 13 aulas integradas a las escuelas regulares, para atender a estudiantes con discapacidad.

Ramírez aseguró que la mayoría de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad asisten a escuelas regulares, ya que en las Escuelas de Educación Especial priorizan a los pacientes con discapacidad severa.

Caso de discriminación

Melvin Bellorín, padre de Alex José Bellorín Sánchez, de 7 años, creía que su hijo no iba a sufrir discriminación cuando el año pasado entró a primer grado, pues cuando lo matriculó en el Colegio Hispanidad, llevó una carta de Los Pipitos, la cual explicaba que el niño padecía de deficiencia intelectual; sin embargo, a mitad del año escolar, él y su esposa Jaqueline Sánchez comenzaron a sentirse agobiados.

La maestra de Alex José los llamaba constantemente quejándose de que el niño no se acoplaba al ritmo de trabajo de sus compañeros y no podía expresarse bien. “En una de tantas me enojé mucho y le contesté mal a la profesora”, cuenta Bellorín, quien señala que su hijo tiene dificultad para hablar por causa de su deficiencia intelectual, pero que es muy inteligente.

Bellorín y Sánchez no se dieron por vencidos y, por el contrario, se dieron a la tarea de hablarle a la maestra sobre la discapacidad de Alex José, y aunque en más de una ocasión hubo hostilidad de ambas partes, lograron que la educadora entendiera que el niño ameritaba un trato especial.