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En la columna de la semana pasada les comentábamos acerca de la importancia que tiene para la formación integral (espiritual, emocional e intelectual) de los hijos, que los padres se mantengan unidos y luchen por la permanencia en la relación de pareja.

Raúl contaba que en esa etapa (0 a 8 años) de su vida, la felicidad y la estima personal, producto del amor inmenso que prodigaba su madre, era lo que destacaba en su vida cotidiana. Él no se imaginaba acerca del carácter temporal, transitorio y breve de la vida en esta tierra; por lo que, el episodio que a continuación nos narra, representó un tsunami para su vida, y lo marcó por muchos años:

La etapa de felicidad que disfruté en mi infancia llegó a su fin una madrugada, cuando mí madre, a los 36 años de edad falleció como resultado de un infarto cardiaco posoperatorio.

Esa madrugada desperté al ruido de las carreras y expresiones de angustia de mi padre, ante la impotencia de no poder hacer nada por mi madre; a mí me tocó presenciar la agonía de mi madre, minuto a minuto, verle aquella desesperación tratando de respirar hasta que expiró. Esa madrugada mi vida tomaba un nuevo rumbo.

La desaparición física de mí madre marcó profundamente mí existencia. La pérdida de la persona que más me amaba, que me daba protección y seguridad; pérdida de la familia, apertura de un abismo profundo en mí corazón, el vacío creado por su ausencia física; pérdida de la estabilidad emocional.

Hasta entonces me percaté que éramos una familia de escasos recursos económicos. Empecé a culpar a Dios por la ausencia de mi madre, a recriminarle y echarle en cara permanentemente esa muerte; la estima personal se vino al piso, emergieron sentimientos de envidia en mí corazón, empecé a recriminar y hasta ofender a otros muchachos de mi edad porque ellos tenían madre y yo no.

En resumen, la ausencia de mi madre abre un nuevo capítulo en mi vida, que se caracteriza por el desamor, baja estima personal, la tristeza, la amargura, el resentimiento, el retraimiento, la inseguridad e inestabilidad, la infelicidad, y todo ello me conduce a síntomas de trastornos disociales, con manifestaciones de rebeldía social.

Este testimonio propone evidenciar el impacto que tiene en la vida de un(a) niño(a) la ausencia del padre o de la madre. Estamos conscientes que la intensidad de dicho impacto está determinado por las causas que provocan dicha ausencia; sin embargo, creemos que los efectos en el proceso de formación integral de los hijos, tiende a ser semejante.

La Biblia en San Lucas 11:17 dice: “Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae”.

Amigas, amigos, es difícil construir una familia sólida cuando la pareja no está física, emocional y espiritualmente unida, por ello, si hoy estás experimentando problemas en tu relación de pareja, si tu casa está dividida, te instamos a poner en manos de Jesús tu situación. Él sabrá conducirlos y darles sabiduría y humildad para que encuentren el camino de la reconciliación y la restauración. Dígale: Jesús mío yo te acepto como mi Señor, ya no puedo más, te entrego mi relación de pareja, te pido que me ayudes a tener un matrimonio unido, sólido y feliz.

 

Queremos saber de ustedes. Para información puede escribirnos al correo crecetdm@gmail.com