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A las 8:40 de la mañana de este martes, falleció a sus 83 años en el Hospital “Victoria Motta” de la ciudad de Jinotega, monseñor Pedro Lisímaco Vílchez, quien fuera el primer obispo de la diócesis de Jinotega en el período 1984-2005.

El obispo emérito sufría desde hace unos tres años de un cáncer pulmonar, así lo informó Eugenio Betanco, quien era su ayudante desde hace 32 años, y quien contó que el 7 de octubre de 2012, Vílchez había estado internado por 18 días en el Hospital Militar de Managua.

“Tuvo una leve mejoría, pero hace tres días se puso malito, y fue este lunes, a eso de la una de la tarde, que lo trajimos al hospital”.

Betanco dijo, además, que la última petición de monseñor Vílchez fue que a su muerte se le celebrara una primera Eucaristía en su casa de habitación, oficiada por los sacerdotes jinoteganos Rafael Ríos, Edwin González y Francisco Blandón. “Él era como mi padre y deja un gran vacío en nuestros corazones, pero ya estaba preparado para irse”, concluyó Betanco.

Obispo misionero

“Murió en mis brazos”, manifestó lloroso el padre Rafael Ríos, quien refirió que monseñor Vílchez deja una estela de recuerdos gratos, porque fue un obispo misionero, un obispo de testimonio, compromiso y lealtad, “sentimos un gran dolor, porque no solo es una pérdida para la diócesis, sino para todos, ya que fue un gran ser humano”, expresó el padre Ríos.

Relató que cuando Vílchez falleció, lo estaban hidratando con suero oral, “él ya no hablaba, pero le pregunté si quería más, y moviendo la cabeza me contestó que no. “¿Se siente bien?”, le pregunté, y me aseguró que sí, y en ese momento elevó su mirada, sin ningún gesto de dolor y con una paz espiritual profunda. Así expiró”.

Honores

El cuerpo de monseñor Vílchez estuvo en una cama del Hospital “Victoria Motta” desde las 8:40 de la mañana hasta la 1:40 de la tarde, cuando llegó la caja fúnebre desde Managua. Lo sacaron cargado en hombros y así lo llevaron hasta su casa de habitación, donde fue velado hasta las 8:00 de la noche.

A esa hora fue llevado en procesión fúnebre hacia la Catedral San Juan, de Jinotega, donde lo esperaban los fieles católicos para velar allí sus restos.

Hoy miércoles a las 10:30 de la mañana será la Eucaristía, la cual estará presidida por representantes de la Conferencia Episcopal, y que se espera concluirá al medio día.

Por la tarde se realizarán cada hora pequeñas ceremonias eucarísticas, y a las 8:00 de la noche de este día, serán sepultados sus restos allí mismo, en la santa iglesia Catedral, en la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, de la cual él era gran devoto.

 

Trabajos del campo y esfuerzos para estudiar

Pedro Lisímaco Vílchez Vílchez nació un 19 de mayo de 1929, fue hijo de Fidel Vílchez Zelaya y de Pastora Vílchez. Fue bautizado en la parroquia San Juan de Jinotega por el presbítero Alberto Valencia, el 30 junio de ese mismo año.

Aprendió con sus padres los trabajos del campo, estudió con gran esfuerzo su primaria en la ciudad de Jinotega; su primer año de bachillerato lo hizo en el Colegio “Rubén Darío”, de Managua. Para ese entonces se presentó ante el Obispo de Matagalpa, monseñor Isidro Arnulfo Oviedo, para manifestarle su inquietud vocacional.

Él lo aceptó y lo mandó a estudiar su segundo año de secundaria al Colegio Salesiano de Granada, donde conoció al cardenal Miguel Obando; luego fue enviado al Seminario San José de la Montaña, a El Salvador, donde concluyó sus estudios de secundaria, filosofía y teología.

El 06 de febrero de 1955 fue ordenado por el entonces Obispo de Matagalpa, monseñor Octavio Calderón y Padilla.

Sus primeros años estuvo como presbítero de la Catedral de Matagalpa, además, fue nombrado responsable del Colegio San Luis de esa ciudad, luego en 1960 logró una beca para ir a estudiar Derecho Canónico, en la Pontifica Universidad Gregoriana de Roma, donde en 1662 logró su especialidad.

Regresó a Nicaragua, y el 8 de septiembre de 1984 lo nombraron primer Obispo de la diócesis de Jinotega, donde en sus años de servicio promovió el movimiento de renovación carismática y los cursillos de cristiandad.

Dirigió la diócesis en los tiempos duros de la guerra, en medio de combates, emboscadas y tiroteos, lidiando con células organizadas que atentaron contra su vida y contra la del padre Odorico D’Andrea.

Además, formó a los delegados de la palabra, catequistas y retiristas; fundó Caritas Diocesana de Jinotega y varias capillas con ayuda del gobierno de Alemania, promoviendo siempre la educación en las zonas más recónditas de este departamento. Entregó el obispado el 24 de junio de 2005 al actual Obispo, monseñor Carlos Enrique Herrera.

Se le realizó un homenaje el 6 de febrero de este año, donde la Alcaldía de Jinotega le otorgó a Vílchez el título de “Ciudadano Distinguido” por su inigualable labor sacerdotal, por llevar el testimonio de paz, por promover la educación rural y por su gran aporte a la diócesis y al pueblo de Jinotega.