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La Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Catedral de San Juan, de la ciudad de Jinotega, es el lugar donde descansan los restos de monseñor Pedro Lisímaco Vílchez. Anoche, con una nutrida asistencia de fieles y de miembros de la Iglesia católica, fue sepultado en este lugar el que fuera el primer obispo de la Diócesis de este departamento.

El entierro se llevó a cabo a las 7:30 de la noche, y previamente, a eso de las 6:00 de la tarde, se ofició la última ceremonia eucarística en su honor, celebrada por los sacerdotes jinoteganos Francisco Blandón, Mauricio Pérez, Edwin González y Rafael Ríos.

Al finalizar la misma se cargó en hombros el féretro dentro de la iglesia para que, por última vez, el cuerpo sin vida de monseñor Vilchez recorriera la Catedral.

Como una muestra de fe, de agradecimiento y de cariño, el pueblo de Jinotega llenó totalmente la iglesia para darle el último adiós a Vílchez, en medio de llantos, gritos de júbilo y canciones religiosas, y al sepultarlo le entonaron el himno que en su honor escribiera el músico jinotegano Pedro Zeas.

El desborde de fieles conmovidos con la partida física de quien fuera su guía espiritual, se mantuvo desde las primeras horas de la mañana y durante el largo programa de honras fúnebres, que inició a las 11 a.m.

Desde que las puertas de la Catedral fueron abiertas, el pueblo católico local esperó paciente por la oportunidad de ver por última vez el rostro sereno del Obispo Emérito, quien falleciera el martes en el Hospital “Victoria Motta” de esta ciudad, a consecuencia de un cáncer pulmonar.

En el templo, los máximos representantes de la Iglesia católica se congregaron para presidir los oficios religiosos en honor a monseñor Vílchez, quien acumuló 58 años de vida sacerdotal, y se destacó como el primer obispo de la Diócesis de Jinotega.

Obispo fiel y obediente

Monseñor René Sándigo, Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, quien estuvo a cargo de la homilía, dedicó sus palabras a exaltar las cualidades de monseñor Vílchez, refiriendo que sus exequias eran un paso de maduración para la Iglesia católica de Nicaragua.

“Podemos con toda confianza presentarlo en manos del Señor y creer que estará en un lugar de descanso eterno”, expresó el prelado, tras agregar que momentos como este “hacen crecer a esta Iglesia, porque sintetizan todo un trayecto, un trabajo, esfuerzos, ideas y todo un ministerio de un hermano que deja no solo un buen recuerdo, sino también cambios reales en esta diócesis”.

Con un discurso cargado de emotividad, monseñor Sándigo remarcó la fidelidad que monseñor Vílchez tuvo para la Iglesia.

Sándigo continuó diciendo que Vílchez fue un signo de unidad, porque “el que estemos todos hoy aquí, el que estén los sacerdotes que ordenó y que no ordenó, el que estén todos los obispos, es señal de que él fomentó y trabajó en torno a la unidad”.

También destacó su figura como un ejemplo de obediencia “a Dios, a esta estructura (la Iglesia), a los pastores, y fue una obediencia racional llena de mucha humildad”, expresó Sándigo.

Mensaje de la Nunciatura

Vicenzo Turturro, Secretario de la Nunciatura Apostólica, en representación del nuevo Nuncio Apostólico de Nicaragua, Fortunato Nwachukwu, transmitió sus disculpas por no poder asistir a las honras fúnebres, y a la vez expresó las condolencias a la Diócesis de Jinotega por la pérdida de monseñor Vílchez.

“Nicaragua pierde a un gran evangelizador que incansablemente ha sembrado la buena semilla de la palabra de Dios en esta Diócesis de Jinotega”, dijo Turturro.

“Sabemos que aun en los años de su enfermedad, monseñor Vílchez supo llevar una vida espiritual completamente entregada a su pueblo, y el afecto y respeto de la feligresía de Nicaragua son el testimonio auténtico de un ministerio sacerdotal cumplido, siempre por amor a Cristo y a su Iglesia”, agregó.

Familia agradece

En representación de la familia del Obispo Emérito, Pastor Vílchez, su sobrino, brindó las palabras de agradecimiento, y recordó que “cuando mi tío decidió entregar su vida a Dios y a sus fieles, para los familiares fue una decisión difícil de entender, porque aunque lo teníamos cerca, a la vez estuvo lejos, porque él se dio por completo a su familia espiritual”.

Y agregó que al final lo entendieron. “Cuando me preguntan en las diferentes ciudades y comunidades ¿qué es usted de Monseñor? Respondo con orgullo que es mi tío, porque sé que es muy querido y sé que cumplió con lo que se propuso desde joven, que era ser un buen obispo y servirle a este pueblo”.