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El profesor nicaragüense Manuel de Jesús Henríquez Orellano, originario de Rivas emigró a Costa Rica en 1984, hace casi treinta años.

Desde entonces se dedicó a trabajar y estudiar para graduarse en Pedagogía. Hoy es un maestro pensionado como a muchos. La guerra civil que tenía sumida a Nicaragua en la pobreza y la violencia, lo obligó a marcharse, buscando una vida mejor y nuevas oportunidades.

“En Rivas me gradué en el Instituto Rosendo López en cursos sabatinos, y en Nicaragua ejercí la docencia por 17 años.

En Costa Rica empecé de cero. Trabajé como peón, pintor, salonero, agricultor, cortando café. Cuando pude tramitar mi título de profesor tuve la oportunidad de sacar la licenciatura en la universidad”, dice.

El profesor Henríquez Orellano tenía 45 años cuando emigró. Primero se vino él, luego sus cinco hijos y por último su esposa.

Este docente pensionado actualmente radica en la ciudad de Cartago, dice estar muy agradecido de las oportunidades que le dio Costa Rica.

“Bajo salario perjudica desarrollo del país”

En Costa Rica el gremio de los maestros devenga un salario de hasta cuatro veces superior al de los docentes nicaragüenses. Para Henríquez Orellano eso explica el que haya un nivel superior en su sistema educativo.

“Costa Rica tiene un mejor nivel de vida porque hace muchos años apostó a la educación. Nuestros gobernantes deben preocuparse por darle mayor presupuesto a la educación en Nicaragua, porque es el pilar del desarrollo de los pueblos.

“El bajo salario al magisterio es perjudicial para el desarrollo del país, y es el motivo de que muchos docentes nicas hayan tenido que emigrar.”, afirma.

“Yo sé de muchos colegas graduados en Nicaragua que han tenido que emigrar y se han visto obligados a ejercer diferentes oficios aquí, desde empleadas domésticas hasta peones en la construcción, porque aunque son de los empleos con más bajos salarios, aún así son más altos en comparación con el salario mensual que devenga un maestro de nuestro país. Eso es una pena”, dice.

Para Henríquez Orellano, el principal problema de la educación en Nicaragua son los bajos salarios de los maestros.

Preparar a los maestros

Consultado sobre el alto índice de empirismo en nuestro sistema educativo, opina:

“A los maestros empíricos hay que capacitarlos, darles talleres. Porque ellos pueden tener la vocación, pero les faltan otros instrumentos necesarios como la metodología y la destreza de las nuevas teorías y formas educativas para los estudiantes. Sin profesionalización ni tecnificación, difícilmente habrá una educación de calidad”, dice.

 

Jubilados tienen mucho que aportar

El profesor Enríquez Orellano, pese a estar pensionado es una persona muy activa. Actualmente tiene un proyecto -aprovechando su experiencia vivida en Costa Rica-, de organizar a los maestros jubilados de Nicaragua en una asociación que promueva el sano entretenimiento y el aprovechamiento de las experiencias de los docentes pensionados.

“En Nicaragua necesitamos talleres para los pensionados, con exposiciones de experiencias en escuelas, clases de pintura, de baile, de costura, excursiones… en fin, tantas actividades que eviten relegar a los maestros jubilados”, asegura.

“A esos hombres y mujeres que dieron su vida por la educación de nuestros hijos hay que estimularlos”, reitera.

Anunció que regresará al país, hablará con sus colegas en Rivas para animarlos con la idea. “Espero que instituciones y organizaciones interesadas nos ayuden a concretar este maravilloso proyecto”, enfatiza.

En Costa Rica, Henríquez Orellano ejerció la docencia en el cantón de Pérez Zeledón, una franja al sur del país que pertenece a la provincia de San José.

También impartió clases en Sarapiquí de Heredia, en el centro del país, donde recuerda haber tenido muchos alumnos nicaragüenses.

 

Contacto

Para quienes estén interesados en el proyecto “Rescatando a los maestros jubilados” del profesor Manuel de Jesús Henríquez Orellano, pueden contactarlo al correo electrónico:

alticuz@hotmail.com o

al teléfono 00506-8862-2030