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A las 7:45 de la mañana empezó la desesperación. Un señor de tez morena, con poco cabello y fácil conversación fue el primero que clamó. Había abordado la unidad de transporte en la ciudad de Diriamba, y según dijo venía con el tiempo justo para llegar una capacitación, sin embargo, no contaba con lo que estaba viviendo.

Al llegar al kilómetro 10 1/2 de la Carretera Sur, el desplazamiento del vehículo se detuvo. El señor que obviamente no es un pasajero diario, pues de serlo no se hubiese extrañado ante la pausa exigida en la marcha, pensó que se trataba de un accidente.

Al ver que el vehículo no avanzaba tomó el celular e hizo una llamada: “Ya estoy en Managua, pero parece que hubo un accidente y hay una gran fila”.

Transcurridos 20 minutos, llamó nuevamente y repitió casi íntegro el mensaje. A esas alturas poco o nada se había avanzado. Evidentemente molesto empezó a quejarse en voz alta y a manifestar su intuición de que el tráfico estaba así porque había ocurrido un accidente.

Sin embargo, varios pasajeros le comentaron que ese embotellamiento es asunto de todos los días. Alrededor de 40 minutos duró la espera para poder llegar hasta el kilómetro siete, donde algunos descendieron `porque ese era su destino, sin embargo, el señor que venía llamando constantemente se bajó obligado, pues según comentó, el director de la capacitación a la que se dirigía le dijo que ya era muy tarde y que se regresara a la filial de Jinotepe.

Esta situación no afecta solo a las personas que viajan en transporte público, sino también a aquellas que se movilizan en sus propios automóviles.

La joven Klaudhia Artola, originaria de Diriamba, compartió que viaja todos los días y que ya está hastiada de ese atraso.

Más gasto de combustible

“Vengo tarde a mi trabajo, gasto más combustible por estar ahí parqueada con el motor encendido, y eso me estresa la vida. Por más temprano que salga, el tiempo se me consume porque todos los días es lo mismo: se avanza a paso de tortuga”, comentó Artola.

Asimismo, hizo énfasis en que ese embotellamiento es estresante: “Esa espera me causa un estrés horrible, me pone de mal humor, me desespero, me siento hasta agresiva”. Y quizá lo más complicado de la situación no sea el cambio de humor que provoca en los afectados, sino que los conductores realizan cualquier tipo de mala maniobra en el afán de encontrar escapatoria.

“Mientras están en la fila te empiezan a adelantar, casi todos tocan la bocina, se desesperan y se hace peligroso estar ahí, porque los motorizados avanzan por los lados de la carretera y hasta los microbuses se van al margen de la carretera.

Se pasan llevando los espejos y no uno ha colisionado en esa desesperación”, indicó Artola.

Impacto del embotellamiento

Según el economista René Vallecillo, el transporte de las personas y el de las mercancías está vinculado a la competitividad de los países, de forma tal que en la medida en la que el tiempo de traslado es menor, las empresas son más eficientes.

“Cuando hay embotellamientos, filas o colas para poder llegar a los trabajos estamos teniendo pérdidas cuyo costo aún no ha sido medido, sin embargo, es obvio que con las mercancías estancadas se afectan las exportaciones y la distribución de las mismas, sin olvidar que si los trabajadores también llegan tarde la actividad de las empresas, sin importar su naturaleza, se ve afectada”, señaló Vallecillo.

Así que según la apreciación del economista, estos problemas de transporte también implican que los costos de los productos aumentan porque se gasta más combustible, y “eso nos resta como país y como empresas.

Hay que garantizar que haya fluidez en las vías para garantizar una actividad productiva más efectiva”.

 

Vía rebasada en capacidad

Este caos es cosa de todos los días en el período comprendido de 7 de la mañana a 8:30, aproximadamente, porque al parecer, la cantidad de vehículos procedentes de la zona sur rebasa la capacidad de los dos carriles dispuestos para el acceso vehicular a la capital.