•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El apego y por ende la dependencia, más o menos marcada, hacia los padres por parte de uno o de ambos miembros de la pareja, representa uno de los problemas que con regular frecuencia enfrentan los matrimonios. Este problema adquiere tal importancia, que se le ha bautizado en la patología de las relaciones matrimoniales como “mamitis” o “papitis”. Por lo general, el esposo es acusado de padecer principalmente “mamitis”, mientras a la esposa se le señala de estar afectada de “papitis”.

Algunos expertos dicen que ello es consecuencia de una tendencia natural del ser humano a idealizar a los padres y a depender de ellos. Nosotros creemos que además de lo anterior, esta enfermedad en las relaciones de pareja tiene que ver con la resistencia al cambio que representa el salir del hogar de toda la vida para iniciar una etapa en un hogar diferente, con las consiguientes responsabilidades que nunca se han tenido.

Dios en su inmensa sabiduría sabía que esta situación se presentaría, por lo que dio esa palabra que se repite al menos en cuatro libros de la Biblia: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”.

Hay quienes no cumplen con este mandato porque, sencillamente, lo desconocen, pero también hay quienes lo conocen y tratan de cumplirlo parcialmente, omitiendo la parte “dejarán a padre y madre”, bajo la creencia que sería ingrato alejarse de quienes te dieron la vida, te formaron, te mantuvieron, etc.

Esta creencia es errónea, Dios no quiere que abandonemos a nuestros padres, Él nos manda a “Honrar a Padre y Madre, para que tengamos larga vida y nos vaya bien en todo”. Deuteronomio 5:16; este es el primer mandamiento con promesa y Él no se contradice.

Cuando Dios dice “dejarán a padre y madre”, se refiere a que ya no somos más dependientes de nuestros padres, ni emocional ni materialmente, ahora pasamos a ser cabeza de nuestro hogar, los varones como sacerdotes y las mujeres como profetisas del mismo. En este nuevo estado, ambos debemos esmerarnos en honrar a nuestros padres, es decir, amarlos, cuidarlos, respetarlos, proveerles para suplir necesidades, estar pendientes de ellos en todo momento; si así lo hacemos, obtendremos la promesa, tendremos larga vida y nos irá bien en todo, más aún, seremos honrados por nuestros hijos, porque el que siembra honra, cosecha honra.

Cuando no se logra interiorizar y aplicar esta palabra, se corre el riesgo de que la relación con los padres se convierta en una puerta abierta a conflictos en la pareja, amén de generar roces innecesarios entre los cónyuges y sus respectivos suegros (as).

Apreciada amiga, querido amigo, el matrimonio implica separación emocional e independencia de los padres, al mismo tiempo, unidad firme e indisoluble con la pareja. Este mandato amplía el círculo padres hijos, ahora la esposa debe honrar a sus padres y a los padres de su esposo, y viceversa. Si así lo hacen, tendrán una relación de pareja bendecida, de larga duración y próspera. Puede parecer difícil, pero con Dios todo es posible, por ello, les invitamos a abrir las puertas de su corazón y decirle: Señor Jesús, le pido perdón por ofenderle, ayúdeme a saber perdonar a quienes me ofenden, aquí está mi corazón para Ud., lo acepto como mi Señor y Salvador, deme un matrimonio, un hogar en donde honremos a nuestros padres, y vivamos en unidad, amor, paz, armonía y felicidad.

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com y a escuchar el programa El Taller del Maestro, todos los domingos a las 5 de la tarde, en Radio Maranatha 103.5 FM