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El Santa Claus Nica no necesitó de los efectos especiales utilizados por los artistas para crear una atmósfera artificial, porque disponía de todo el humo del basurero más grande del país para anunciar una realidad que suena --y sueña-- a fantasía: los nombres de los 12 niños que viajarán a Disney World.

Alexander Ruiz fue una de esas criaturas que en su corta vida sólo ha visto los enormes cerros de inmundicia que convierten a La Chureca en el basurero más grande de Nicaragua. Sin embargo, el pequeño Alex se convertirá en uno de los pocos niños pobres de este país en poder decir lo que es común entre “los hijos de papá”: “El próximo año iré de vacaciones a Walt Disney World”.

La docena de estudiantes fue escogida a partir de su alto rendimiento académico, luego de una rifa, para disfrutar de un viaje al gigantesco complejo turístico que se extiende por 122 kilómetros cuadrados en Orlando, Florida.

El Santa Claus Nica, Víctor Rosales Duarte, promovió esta jornada que constituyó el cierre de año del Colegio Cristiano La Esperanza, ubicado en uno de los sitios de la nación donde decirle a la gente que es pobre, no deja de ser un piropo piadoso.

El humo penetra por todas partes. Son cerca de las 11 de la mañana, y los varones y niñas alegres se las ingenian para tratar de armar un sueño de hadas en un lugar donde la pesadilla se toca, se siente, se ve y despide su fétido olor, sobre todo para los que por primera vez entran al reverso de las tarjetas postales y caminan entre esas imágenes que jamás serán tomadas en cuenta en los afiches turísticos.

“La familia Chavarría, que vive en Miami, quiere que los niños viajen en junio, durante la Semana del Niño, a Disney World”, dice Rosales, regocijado al cumplir la primera tanda de este plan que contempla además la autorización de los padres de familia.

Los que viven en La Chureca

La Chureca cuenta con siete kilómetros a la redonda, a la par de Acahualinca. Es, además el centro de trabajo de mil 500 personas, donde se encuentran cerca de 400 niños. Desde la ventanilla del avión, los viajeros pueden ver el área como un pedazo de infierno que despide fuego y humo nomás ahí, a la orilla de otro gigantesco desperdicio: el lago Xolotlán.

Alessia Muñoz y Jeniffer García, de primer grado, Heylin Uriza y Yosilin Quintana, de tercero, Michel García, de cuarto y Natalia Britton, de quinto, son las mujercitas que viajarán a los Estados Unidos. Y de los varones, Pablo Morales y Pablo Zeledón, de primer grado, Antony Quintana, Daniel Mejía y Manuel Vargas de segundo y Alex Ruiz, de tercer grado.

Natalia Britton jamás ha salido de Managua. Ella dice que ni siquiera del barrio, y ahora podrá ir al destino vacacional número uno del planeta. “Estoy alegre, emocionada”, sostiene, buscando aquellas palabras que le facilitaran dar a conocer su felicidad. “Cuando me nombraron le di gracias a Dios y a la familia Chavarría”.

Yessi Carolina Quintana también agradeció a Dios por “darme la oportunidad de ir a ese lugar”.

Ella vive “aquí, pegadito al colegio”. Cuando uno entra a La Chureca, la única “alameda” son los grandes cúmulos de todo lo que Managua arroja, unas 82 toneladas cúbicas de basura diaria.

Antes de llegar, casi a la entrada, miramos a dos mujeres que escudriñaban entre la masa de podredumbre buscando algo que comer.

Y aunque parezca insólito, la gente ha levantado sus casitas ahí, formando las imágenes de un cuadro patético que los líderes de este país deberían descolgar para siempre.

“Mis padres están contentos”, dice Yessi, de tercer grado y de 13 años, y escogido para realizar un próximo viaje al único complejo de los erigidos por el fabricante de sueños que lleva su nombre completo y marca: Walt Disney World.

Víctor Rosales se sintió satisfecho. “Esto, como se vio fue algo transparente, se escogió sin favoritismos. Ahora procederé a avisar a la promotora del viaje, la familia Chavarría, para sacar los pasaportes y conseguir la visa de los Estados Unidos”.

¿Por qué La Chureca?


Porque la familia Chavarría y los donantes de todos los gastos, nos dijeron que fuéramos a La Chureca, el lugar más contaminado, el sitio más desastroso. ¿Se imaginan ustedes ver a un niño en un lugar que no vale nada, donde sólo hay basura, que de repente vaya a Disney World?

Pero La Chureca siempre ha estado en la agenda del Santa Nica. Apoya a la Escuela con útiles escolares y también en Navidad.

Alex, el niño, ahora piensa que podrá volar en uno de esos aviones que pasan por la zona. Y no sólo eso, también quiere volar hacia sus propios sueños: estudiar inglés y mecánica automotriz “si Dios lo permite”. El viaje, nos confiesa, es una bendición de Dios.

La directora del centro, Sheyla Marenco Orozco, dijo que el acto fue de gran trascendencia, porque constituye un alto valor para los niños.

Que le inviten a viajar ya es un estímulo, ahora ir a Disney World, es un sueño. La labor de Víctor Rosales es bonita, porque los niños se lo merecen, aunque muchas veces los olvidan.

Del humo que lo invadía todo, la profesora indicó que tal problema ambiental es constante. De noviembre a enero es cuando el humo se propaga. Y durante la época de lluvia, el lodo les obliga a buscar otro lugar por donde entrar al colegio. “Siempre las condiciones son precarias, es un gran problema estar en este lugar”.

¿No es necesario reubicar esta escuela?


La idea de nosotros, que siempre hemos sostenido ante el gobierno, es que seríamos los últimos en irnos. Primero que se reubique a las familias, porque no hacemos nada con que la escuela se vaya si la población no abandona el lugar y los niños se quedan sin estudiar.

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