Ervin Sánchez
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La tasa de inflación de precios proyectada por el Banco Central para finalizar el año, aproximadamente en 16.5 por ciento, quitará en sólo un mes del salario promedio de los maestros, un total de 345 córdobas, que corresponderían a 69 libras de frijoles antes del disparo inflacionario, cuando estaba a cinco córdobas por libra, expresó el economista e investigador Hugo Mejía Briceño.

Mejía Briceño, quien también es docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, explicó que esa pérdida, en el ejemplo de los maestros, es dramática, dado el bajo nivel salarial, que en promedio anda por los dos mil quinientos córdobas.

Es decir, que en poco tiempo a un maestro que gane en promedio dos mil quinientos córdobas se la habrán ido 345 córdobas, que ya no le servirán porque no podrá adquirir determinados alimentos para él y su familia. El salario se habrá reducido realmente a dos mil 155 córdobas.

A diez córdobas la libra, el maestro perdería 34.5 libras de frijoles en un mes, mientras que a 15 córdobas la libra estaría perdiendo un total de 23 libras de la cantidad que antes podría adquirir.

De hecho, con el castigo que sobre el salario supone una inflación del 16 por ciento, a un maestro que percibe mensualmente dos mil 500 córdobas, le quedarían poco mas de 69 córdobas diarios, con lo cual personalmente sólo andaría 13 córdobas al día después de gastar poco más de 55 córdobas en alimentar a su familia.

Con 13 córdobas a una persona sólo le queda para adquirir una gaseosa o un refresco y un pan dulce, lo que va totalmente en detrimento de su salud, señala Mejía Briceño.

El economista advierte que el gobierno está tímido en tomar medidas que en la actual situación de altos precios de los alimentos, desestimulen la exportación de frijoles e incentiven el acopio local, situación que induce a la población a ser más selectiva en la compra de productos alimenticios, lo que al final le está deteriorando sus niveles nutricionales.

Señala Mejía que un nivel de inflación que pasa de los dos dígitos es un peso muy importante para los que tienen ingresos fijos, básicamente los que viven de su salario. Eso significa fuertes pérdidas en el poder adquisitivo en general, y, por consiguiente, se encadena un proceso de selección, por ejemplo, en la alimentación básica.

Buscando lo más barato

En ese sentido, destacó que ya la población está siendo más selectiva en lo que puede adquirir por el disparo de los precios. Por poner un ejemplo, si antes un núcleo familiar de cuatro a seis personas consumía una libra de frijol al día mezclada con arroz, ahora reduce o sustituye el frijol por más cantidad de arroz, lo que viene en detrimento de su nivel alimenticio.

El impacto es muy fuerte, porque no sólo está afectando a estos dos productos, sino que es un alza generalizada. “Por decir un ejemplo, también las verduras están alcanzando mayores precios, como en el caso de la chiltoma, que ha alcanzado precios exorbitantes, y por consiguiente tiende a ser eliminada del consumo básico de la familia, dado que no hay poder adquisitivo para cubrir ese aumento de precio.

De acuerdo con el economista, en los sectores de menor ingreso el daño se multiplica, porque las energías gastadas en la actividad laboral, formal o informal, no son repuestas, lo que repercutirá en sus condiciones de resistencia a las enfermedades existentes en nuestro ambiente.

Por consiguiente, los índices de enfermos pueden aumentar, y eso significa que la población va a acudir más a los centros de salud, lo que repercute en la atención y en el gasto público, efecto multiplicador que se traslada a todos los servicios que requiere la población.

En ese sentido, señaló que el Estado tendrá que aportar mayor presupuesto para Salud, pero el gobierno no solamente debe prever el gasto adicional que pueda tener en esa materia, sino que debe tomar acciones que reduzcan el efecto inflacionario sobre la reducción del poder adquisitivo de la población.

Al respecto destacó que se deben tomar medidas similares a la que se tomó importando frijoles, pero eso no es suficiente si no se acompaña con otras disposiciones en otros renglones, que son básicos para el consumo de la población.

Mejía, quien es máster en Economía, destacó que según cifras oficiales del Banco Central, el salario nominal promedio en 2007 anda un poco por encima de los cuatro mil córdobas, pero ahí van altos y bajos salarios, y la canasta básica anda por siete mil córdobas.

De hecho, hay una distancia de alrededor de tres mil córdobas entre el salario promedio y el valor de la canasta básica, medido en las negociaciones que se están llevando a cabo en el Ministerio del Trabajo en torno al salario mínimo

Pide desestimular exportación


El economista recomendó que además de reducir aranceles en los productos más básicos para reducir el impacto inflacionario en la población, se debe también desestimular la exportación, en este caso de frijoles u otros alimentos muy necesarios, pero sin tomar medidas o mecanismo punitivos.

Destacó que además se debe estimular la producción nacional de alimentos, pero la Empresa de Alimentos Básicos debe entrar a competir con los intermediarios, estableciendo acuerdos con productores para retener en el mercado interno la producción.

Recordó Mejía que los precios en mercados como el de Estados Unidos son más altos que los de Nicaragua, pero los productores no se llevan ese margen, por lo cual la empresa estatal podría asegurar un buen precio al agricultor, y a la vez venderlo más bajo que los intermediarios en el mercado local.

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