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Cuando tomamos la decisión de hacer con fidelidad la parte que nos corresponde, en aras de construir un matrimonio sano y duradero, nos sometimos a un proceso de transformación de nuestras acciones, mediante la renovación del entendimiento, erradicando creencias erróneas que ambos cargábamos, sustituyéndolas por nuevas y renovadas, conforme lo establecido en la Palabra de Dios.

Iniciamos un proceso que nos ha llevado paulatinamente a ser amigos y no adversarios; a pasar de prácticas irresponsables en el matrimonio y en la familia, a asumir compromisos inalienables con nuestra relación de pareja, sin embargo, para avanzar en la fase de restauración, existe un elemento vital e indispensable que es el que más nos ha costado, tal es la comunicación.

En aquellos años de turbulencias constantes, la comunicación estaba bloqueada, ambos utilizábamos el arma llamada “ley del hielo”, como una forma de manifestar enfado o de castigar a la pareja por cualquier situación que no concordaba con el interés o deseo de la otra parte. Prevalecían actitudes caprichosas y de malacrianza.

Poco a poco hemos venido aprendiendo a comunicarnos, hoy sabemos que la comunicación va más allá de oír, implica escuchar con atención e interés a la pareja. Trabajamos por expresar siempre palabras positivas, expresiones de admiración y amor que edifiquen y fortalezcan la estima personal de la pareja.

La comunicación, como Dios manda, ha sido determinante en nuestro proceso de restauración, hemos sustituido la palabra grosera, áspera por la palabra suave, respetuosa y amorosa. Oye, que bonito es ojear en las páginas de los últimos años y encontrar que no hemos pasado más de unas pocas horas molestos uno con el otro.

La Palabra de Dios dice: “Enójense pero no pequen (no se ofendan), que no se ponga el Sol con su enojo”. Efesios 5:26. Antes podíamos pasar hasta meses enojados, aplicando la ley del hielo, ahora fieles a esta enseñanza, cuando tenemos alguna contradicción o molestia, hacemos uso de la comunicación sincera para pedir perdón y evitar que se ponga el Sol con el enojo.

Nuestra comunicación nos permite ser honestos y transparentes, tenemos un compromiso con la verdad, porque hemos aprendido que esta nos garantiza la confianza.

Ya vivimos la etapa de falta de credibilidad, hoy no hay dudas ni suspicacias, porque ambos sabemos que somos fieles a Dios, y por lo tanto somos fieles el uno al otro, en todo.

Es importante permitirnos que nuestro corazón se abra al comunicarse con la pareja, compartir ilusiones, frustraciones, temores. Raul tenía la creencia que hacer esto era síntoma de debilidad, sin embargo, ahora dice que lo ve como fortaleza, porque sabe que tiene en mí a la persona que es su ayuda idónea, que le ayuda a sobrellevar cargas y a proporcionar palabras de aliento para continuar impulsando el matrimonio.

Estimada amiga, apreciado amigo, le instamos a no dejar para mañana lo que puede resolver hoy, si hay problemas en su relación de pareja, dispóngase a poner de su parte para iniciar un proceso de restauración, no se den por vencidos. Abran las puertas de su corazón para Jesús, Él quiere verles viviendo felices, tome la mano que Él le ofrece; dígale desde el fondo de su corazón, Padre de la Gloria, le pido perdón por todas las ofensas que le hago; yo pido perdón a mi cónyuge por ofenderle, y perdono las ofensas que me hace; hoy abro mi corazón y acepto a Jesús como mi Señor y salvador, le pido que restaure mi matrimonio.

Queremos saber de Usted, le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com