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Las crisis que indefectiblemente se presentan en las relaciones de pareja, independientemente de su causa y magnitud, tienen carácter temporal, y pueden representar una oportunidad para mejorar la calidad de las mismas. La Biblia en 2da. de Corintios 4:17 dice: “Porque esta leve tribulación (crisis) momentánea, produce un cada vez más excelente peso de gloria”; esta palabra reafirma que las crisis son leves, momentáneas (pasajeras) y presagian cambios positivos en las relaciones de pareja.

Desde nuestra experiencia, consideramos que los eventos precipitantes de crisis en la pareja, están referidos, entre otros, a situaciones en las cuales tiene un rol estelar el ego (entendido como arrogancia, falso orgullo, altivez, soberbia), que induce a las personas a actuar guiadas por actitudes caprichosas, de malacrianza, etc.

El orgullo no permite ser humilde y reconocer cuando se cometen errores, nos hace creer que se es víctima de la pareja, victimización que se manifiesta en expresiones tales como: todo me toca a mí; soy quien más aporta a la relación; no pones nada de tu parte, etc.

Otra causa es la imagen irreal que nos creamos de la pareja. Nos hacemos altas expectativas, creyendo que todo va a ser color de rosa, se toman ideas de los cuentos de hadas, series de televisión, etc., y cuando estos sueños no se hacen realidad, se activan crisis en el matrimonio.

Cabe mencionar como causa: la falta de diálogo, señalamientos de no tener cosas en común. Falta de atención de uno para el otro; sentir que el cónyuge no le valora. Para la mujer es muy importante sentirse valorada, bella y deseada por su esposo. Si no sucede así, siente gran frustración y se afecta su autoestima.

Para el esposo es muy importante saber que su esposa valora todo el trabajo y esfuerzo que él hace para que la esposa y los hijos tengan lo que necesitan.

En el matrimonio y en la familia se dan diferentes etapas. El paso de una etapa a otra se produce dentro de un espacio de transición en el cual ocurren cambios, y todo cambio conlleva una crisis. Las crisis se suceden a lo largo de toda la vida de la pareja, no hay que huirles, el matrimonio es el hábitat natural de estas. Recuerde que somos dos personas que diferimos en muchas cosas. La crisis una vez activada, sigue un curso más o menos similar, hasta desembocar en resolución.

Este curso se compone de: 1ro: Discusiones, recriminaciones, llanto etc.; 2do: La parte ofendida quita el habla, ignora a quien inició la crisis. 3ro: Se inicia el descenso de la molestia, la pareja no tiene paz, su diálogo interior, sus pensamientos redundan alrededor del tema. 4to: Las partes inician un proceso de reflexión, de reconocimiento de la falla cometida, y 5to: Llega la calma, la sensatez toma control de las acciones, viene la reconciliación.

Estimada amiga, apreciado amigo, si en este momento usted está en medio de una crisis de pareja, no se desespere, aprópiese de esta palabra: toda crisis es leve, es pasajera, y representa una oportunidad para mejorar en su relación, se puede con Jesús. Dígale; Jesús mío, yo abro mi corazón para Usted y le invito a morar en mí, declaro que Usted es el Señor, el Hijo de Dios, ayúdeme a superar conforme a su voluntad cualquier dificultad en mi matrimonio.

 

Queremos saber de usted. Le invitamos a escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com