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  • AFP

Nicolás Maduro llamó al diálogo a la oposición al asumir ayer la Presidencia de Venezuela con la promesa de preservar el legado del líder Hugo Chávez, una vez aplacada la crisis política que se desató cuando sus adversarios desconocieron su ajustada victoria electoral.

Junto a un enorme retrato de Chávez, Maduro, de traje oscuro y corbata roja, juró ante la Asamblea Nacional para gobernar por seis años y recibió la banda presidencial de manos del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello y María Gabriela, una de las hijas del mandatario fallecido el 5 de marzo de cáncer.

“Lo juro por el pueblo de Venezuela, lo juro por la memoria eterna del comandante supremo que cumpliré y haré cumplir esta Constitución”, dijo Maduro, con la Carta Magna en la mano izquierda, de pie ante el presidente del parlamento, Diosdado Cabello, mientras sonaban en Caracas cacerolazos de los opositores y estallaban fuegos artificiales lanzados por sus seguidores.

Burlan su seguridad

Cuando empezaba su discurso de investidura, un hombre, vestido de rojo --color emblemático del chavismo--, irrumpió en el estrado, confundiendo a la escolta, le arrebató el micrófono por segundos y alcanzó a decir: “¡Nicolás, me llamo...”, tras lo que se interrumpió la transmisión televisiva.

“Ha fallado la seguridad absolutamente, me pudieron haber dado un tiro aquí”, manifestó al retomar el control, dejando entrever que se tratada de un mero incidente con un simpatizante.

Llama a diálogo, pero ofende

“Llamo a quienes sean políticos de la oposición (...) los llamo a conversar en los distintos escenarios que se pueda conversar. Yo estoy dispuesto a conversar hasta con el diablo, hasta con el nuevo Carmona si es necesario”, dijo en su discurso refiriéndose a Capriles, a quien compara con el empresario Pedro Carmona, que asumió por unas horas el poder en el Golpe de Estado que sufrió Chávez en abril de 2002.

El delfín de Chávez tomó posesión en un clima más relajado luego de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) aceptó el jueves ampliar al 100% la auditoría de las urnas, lo que dejó por ahora satisfecha a la oposición.

Una veintena de gobernantes asisten a la ceremonia de investidura, entre ellos Raúl Castro (Cuba), Dilma Rousseff (Brasil), Cristina Kirchner (Argentina) y Mahmud Ahmadinejad (Irán).

Miles de seguidores del Gobierno, vestidos de rojo, festejaban afuera de la Asamblea: “¡Chávez vive, la lucha sigue!”, gritaba la multitud.

Baja la tensión

Tras una semana de alta tensión, con brotes de violencia que esta semana dejaron ocho muertos y cacerolazos, el CNE, que por ley verificó el 54% de las urnas el día de la elección, decidió que realizará una auditoría sobre el 46% restante, pero en base a una muestra.

Aunque no implica el recuento total “voto a voto” como reclamaba, Capriles, gobernador del Estado de Miranda (norte) de 40 años, aplaudió la decisión del CNE.

“¡Vamos Venezuela, la lucha sigue por la verdad!”, escribió en su cuenta de Twitter.

“Ha pasado la tensión, en un primer round que gana la oposición porque ha logrado presionar al Gobierno a una auditoría que no tenía prevista, aunque al mismo tiempo el Gobierno ha ganado legitimidad”, declaró a AFP, el analista Luis Vicente León.

 

“Es el hijo de Chávez”

EFE / “Estoy emocionada porque se ha cumplido el legado que el Presidente nos dejó”, decía visiblemente conmovida Luz María Mendoza, una enfermera de 42 años. Mendoza sacaba a traslucir uno de los aspectos que muchos chavistas tienen presente: “Maduro no es Chávez”, pero señalaba a su vez uno de los argumentos más repetidos entre sus seguidores: “Es el hijo de Chávez”.

Alfedila Montesumo, una educadora de 51 años, se secaba las lágrimas al ver que la Revolución Bolivariana que le dio “dignidad” sigue adelante, ahora, con un nuevo líder al frente.

“Lo único que ha sabido Venezuela es amar y seguir a nuestro gran líder, Hugo Rafael Chávez, y ahora a este hijo que nos dejó porque ese es su hijo. Lo formó él y es por esto que el pueblo está aquí”, argumentó.

 

Retos del presidente

Autoproclamado “hijo” del hombre fuerte que gobernó Venezuela durante 14 años, Maduro afronta el reto de llenar el vacío que dejó el líder. “Yo soy el primer presidente chavista, soy el primer presidente obrero”, exclamó Maduro al concluir su discurso.
Con la responsabilidad de acabar en 2019 el cuarto mandato de su padre político, Maduro tiene ahora el reto de mantener unidas las filas chavistas, de combatir los altos índices de violencia y de hacer frente a una economía debilitada por una doble devaluación, altos índices inflacionarios y la escasez.